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¿Portaestandarte de la emancipación? ¿Agitadora contra el orden establecido? Ni lo uno ni lo otro.  Josefa Chamorro era una patricia granadina que se destaca en nuestra historia por apoyar a los miembros de su estrato social que encabezaron la rebelión pre-independentista de 1811-12, iniciada el 22 de diciembre del primer año y concluida el 25 de abril del segundo.

Así lo consignó el historiador Tomás Ayón en el tercer tomo de su clásica obra (Managua, Tipografía “El País”, 1889): “En Granada se instruyó causa contra doña Josefa Chamorro, por haber cooperado en la resistencia que la ciudad hizo a las tropas del Rey.   Se atribuyen  a aquella señora, entre otros delitos contra el orden público, el de haber facilitado su casa para que sirviese de cuartel a una compañía de plebeyos y para que asilasen en ella algunos sujetos importantes que figuraron en la insurrección, tales como el comandante don Miguel Lacayo y otros jefes militares; el de haber proveído alimentos a varios de los caudillos revolucionarios y permitídoles que en la misma casa tuviesen sus reuniones políticas; y el de haber ocultado pólvora y sacos de metralla que sirvieron para el fuego en la mañana del 21 de abril.  Doña Josefa Chamorro –termina informando Ayón- fue puesta en detención por orden del Comisionado Alejandro Carrascosa, quien –además- mandó confiscarle sus bienes”.

Es lamentable que ningún otro historiador haya confirmado documentalmente las afirmaciones de Ayón, incluidos  quienes estudiaron a fondo la rebelión insurgente de Granada consultando el Archivo General de Indias. Me refiero a Sofonías Salvatierra, a Carlos Molina Arguello y a Jorge Eduardo Arellano.  Sin embargo, bastaron las líneas del referido historiador para que Josefa Chamorro Oconnor haya sido considerada por los granadinos una mujer emérita.  Como tal se le reconoció en una de las planchas de mármol del Obelisco de la Independencia, erigida al inicio de la Plazuela de los Leones en 1921, al conmemorarse el primer centenario de la proclamación de este acontecimiento histórico.

En la Guía Ilustrada de Granada, que editó Rodolfo Poessy en 1941, también se registra la acción solidaria de doña Josefa, hija póstuma del fundador de su familia en Nicaragua, don Diego Chamorro Sotomayor Murga y Villavicencio, hermana de Joaquín Chamorro y esposa de José Ignacio Arguello. Ambos participaron en las jornadas de 1811 y 1812, siendo condenados a muerte y luego a presidio perpetuo; y permanecieron en Cadiz cumpliendo sus condenas. Antes de Juan Ignacio, el primer marido de doña Josefa había sido José Francisco Vega.

De 1778 a 1843 vivió doña Josefa, o sea: 59 años.  De ellas descienden numerosas familias. Poseyó haciendas en Chontales y casas principales en Granada (como la de Vega, en el costado suroeste de la plaza, llamada así por habérsela heredado a su hija Mercedes, casada con don Fulgencio Vega). Con sus donativos, sostuvo templos en Granada, Acoyapa y Juigalpa.  Se enterró en la nave central de la antigua parroquia de esta ciudad.  En el centro de su arco toral.

Enrique Fernández Morales, poeta granadino por antonomasia, redondeó su estampa en este soneto, publicado en su poemario Retratos hace 50 años: Joya tan rara nunca las miradas/Envidiaron en manos de azucena./No es oro de ley esta cadena/que la ley ciñó en manos delicadas.//Al desgaire las trenzas perfumadas./alta la frente prócer, y serena/como si fuera al baile o la verbena/de mantilla y de manos enjoyadas.//Entre el hosco estupor de las aceras/rugen aires de incendio voces fieras/cuando pasan los altos conjurados.//Y, reina alfil, en pos de la Justicia,/doña Chepa Chamorro la patricia,/camina entre dos filas de soldados.

* Abogado