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El pueblo de las Falkland (Malvinas) recién se encontró siendo utilizado para fines de propaganda política por el gobierno argentino. Como de costumbre, este se valió de datos históricos inexactos y rechazó nuestro derecho fundamental a la autodeterminación. La semana pasada, Alicia Castro, la nueva embajadora argentina ante el Reino Unido, proporcionó ejemplos de tales inexactitudes. Dijo que el Reino Unido había tomado las islas “por la fuerza” a principios del siglo XIX, y luego preguntó: “¿A quién le interesa hoy prolongar este conflicto?”

Quisiera responderle a la señora Castro, por qué a 30 años de la guerra de las Falklands, es hora de que se escuche la opinión de los isleños.

La distorsión que efectúa la Argentina de los primeros años de historia de las islas no es ninguna novedad para nosotros. Una de las falsedades más frecuente utilizada se refiere a la supuesta expulsión de una población civil argentina por parte de los británicos en 1833.

Según la señora Castro, “el Reino Unido expulsó de las islas a las autoridades y la población argentinas”. Esto es incorrecto. Las personas expulsadas fueron en realidad los integrantes de una ilegítima guarnición militar argentina que había llegado tres meses antes, ignorando el hecho de que el Reino Unido había reivindicado las islas en 1765, mucho antes, incluso, de que la propia Argentina existiera como país.

La población civil de las islas, que había solicitado al Reino Unido autorización para residir allí, fue invitada a permanecer. Y así lo hicieron todos salvo dos, con sus cónyuges respectivos.

Es importante recordar que ni el gobierno de las Islas Falkland (Malvinas) ni el Gobierno británico han aplicado jamás de manera activa una política de hostilidad contra la Argentina.

Desde hace más de una década, el Gobierno argentino utiliza una multiplicidad de sanciones económicas dirigidas a ahogar la economía de nuestras islas, e intimidar a los 3,000 habitantes. Es la Argentina quien claramente pasa por alto el principio de resolución pacífica de controversias, como lo demuestran estas tácticas agresivas.

El gobierno de las Islas Falkland busca, como siempre lo ha hecho, desarrollar simplemente relaciones de buena vecindad con la Argentina en áreas de interés mutuo. De hecho, en la década de 1990 celebramos acuerdos conjuntos con Buenos Aires, que abarcaban una variedad de áreas, entre ellas exploración hidrocarburífera, administración sustentable de los recursos pesqueros y vínculos de transporte, pero la cooperación ha resultado imposible en los últimos años.

En 2007, a pesar de que las Islas Falkland sostenían su parte del acuerdo, la Argentina hizo trizas los convenios y los dejó sin efecto de manera unilateral, exigiendo que se tratara el tema de la plena soberanía argentina.

En lo que a nosotros respecta, la soberanía no es materia de negociación. ¿Por qué habría de serlo, si habitamos, cultivamos y desarrollamos estas islas desde hace nueve generaciones?

Los derechos y los deseos de los isleños son primordiales. El principio de autodeterminación es sacrosanto, y está consagrado por la ONU, institución que la propia Argentina utiliza a menudo para incentivar el debate sobre el futuro de las islas.

La Resolución 2065 de la ONU dice claramente: “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”.

En octubre de 2008, un Comité de la ONU rechazó el argumento de que la disputa de la soberanía condicionaba la autodeterminación, confirmando que la autodeterminación es un “derecho humano fundamental”.

Nuestra comunidad se formó a través de la inmigración y radicación voluntaria a lo largo de casi 200 años. Somos una comunidad global; gente de todas partes del mundo ha hecho de las islas su hogar. Nuestro último censo registró representantes de más de 60 naciones en las islas. Los isleños conforman un pueblo pacífico, trabajador, fuerte ante la adversidad.

La nuestra es una sociedad pujante, con visión de futuro. Somos económicamente autosuficientes, autónomos en todas las áreas, salvo defensa, y muy dueños de nuestro propio futuro. Todo lo que pedimos es que nos dejen en paz para elegir nuestro propio futuro y desarrollar responsablemente nuestro hogar para nuestros hijos y las generaciones venideras.

* Miembro de la Asamblea Legislativa de las Islas Falkland