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Con mucha pena he leído su artículo publicado recientemente en Confidencial -en realidad, un autorretrato de su conflictiva personalidad-, donde insulta al doctor León Núñez, Director de El Nuevo Diario, y al doctor Luis Rivas Anduray, Gerente General de Banpro y representante del propietario en el periódico, por la decisión acertada de suspenderle la publicación de su columna Observatorio de Medios de Comunicación, por no llenar los criterios de calidad y objetividad que exige la política editorial de los nuevos dirigentes de este rotativo.

Creo que estas ofensas demuestran que usted no es lo que presume ser ni lo que dice que es, un comunicador profesional y un escritor nato, sino que usted está acostumbrado a golpear con bacinillas en vez de usar el estilete con gracejo y talento como lo usa su padre. No olvide que usted -antes que un escribano- es un experto en manejar motosierras de todas las marcas y tamaños, aunque es de una especie rara, pero bastante común en el mundo. Aunque usted no lo crea, mi estimado profesor, usted es un verdadero correveidile profesional. Pero vayamos por partes.

En primer lugar, en cualquier periódico del mundo, llámese El País, The New York Times o Miami Herald, las columnas periodísticas son debidamente autorizadas por el director del diario, o en su defecto, por el subdirector o editor de la sección que corresponde. En su caso, la columna Observatorio de Medios de Comunicación tenía la finalidad de elogiar al diario La Prensa para posicionarlo gratuitamente en el mercado mediático (qué ironía) y para colmo, financiada por un Organismo No Gubernamental que le paga al autor de la misma la bicoca de cuatro mil dólares mensuales aproximadamente. ¿Y quién es el autor de tan polémica y sesgada columna? Pues nada más y nada menos que el célebre y triste censurador de medios y ahora observador de los mismos, el profesor Guillermo Rothschuch Villanueva. Qué ironías de la vida. De verdugo pasó a defensor. De victimario a víctima. De villano a héroe y, lo más rico, bien pagado.

En segundo lugar, ¿qué corona tiene usted, señor Rotschuch, para que un medio de comunicación no pueda rechazarle un artículo de opinión o una columna maliciosa y malintencionada? Que yo sepa, cualquiera que viaje a México, su paisito lindo y querido, en cualquier acera cercana a la UNAM en el Distrito Federal, puede encontrarse a 100 Guillermos Rothschuh solicitando que publiquen sus artículos o columnas en cualquier medio de comunicación. ¿O es mentira? Y que yo sepa, nadie protesta con la furia y la bilis con que usted lo hace.

¿Qué diría su padre, tan bueno al estilete, al saber que su hijo no heredó ni el filo de su pluma, ni la vastedad de su talento, pero carga una motosierra de 20 velocidades en sus manos por si no logra los favores que pide?

En tercer lugar, no logro entender su insulto hacia el doctor León Núñez y el doctor Luis Rivas, pues ninguno de ellos le ha hecho ningún daño. Veamos. “Según el juego de intereses existen mandos de primera, segunda y tercera. León Núñez frente a los redactores tiene mando de primera, ante Luis Rivas su mando es de segunda. Rivas ante Ramiro Ortiz es apenas un correveidile de tercera”, escribe Rothschuch con una envidia pobre y malsana. ¿Qué significa la palabra correveidile? Según el diccionario, es la persona que lleva y trae chismes. Es la persona que anda de lugar en lugar endulzando y envenenando a los demás. Un oficio que al señor Rothschuch le queda al tiro. Una pasión que lo arrebata hasta llevarlo al grado de la furia.

Si analizamos las cosas con frialdad y objetividad, ¿cuál es el dolor del señor Rothschuch de que Núñez tenga autoridad sobre sus redactores y que respete y acate las decisiones del doctor Rivas, quien es representante del propietario del periódico? Lo veo un ejercicio de dinámica de jerarquía absolutamente normal y saludable en las empresas modernas. Y la relación entre Rivas y Ramiro Ortiz (propietario del periódico) es una relación laboral. No la veo de correveidile de tercera como usted la llama, sino que es la clásica relación entre un jefe y un subordinado. Por lo tanto, en una relación de jefe y subordinado no hay chismes que valgan, pues lo que se analiza son resultados obtenidos. Los chismes quedan para los que han vivido toda su vida de las intrigas palaciegas, de las censuras burdas, de las puñaladas traperas como usted. Usted, mi querido profesor, sí viene del chisme, de la intriga, de la calumnia, de la malicia, de la deslealtad, de la traición. Y está acostumbrado a ser un correveidile de tiempo completo.

Ya no recuerda, por ejemplo, el record que usted logró en materia de oportunismo cuando llegó a tener varias consultorías en los gobiernos de la presidenta Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. Bajo el concepto de consultorías en comunicación, que no eran más que un oficio de correveidile de cuechos políticos, usted pasaba trayendo cheques de varios ministerios y Organizaciones No Gubernamentales. También supimos que por esas puñaladas que trascendían las fronteras, fue separado de su cargo de Decano de la Facultad de Comunicación de la UCA.

Por otra parte, algo que me llama la atención es el culto que usted, inconscientemente --casi podría decir que por evocación freudiana-- tiene por las botas. Es decir, que además de correveidile, es usted un militar frustrado. Y su carrera lo delata. A usted siempre le han gustado los puñales, las pistolas, los uniformes y las charreteras. Seguramente por eso dice que el doctor León Núñez ordenó “nunca más publicar un artículo o ensayo suyo. “Impuso la censura y el veto. Se calzó las botas”, escribe con tristeza y furia. En realidad, profesor, el que se calzaba las botas militares para ir a censurar a los medios de comunicación era usted. Ya no se acuerda en qué facha llegaba a un diario local. Hay fotografías, incluso, que lo captan con sus botas relucientes. Así que no vea botas donde no hay. Ni botas suyas en pies ajenos.

Y, finalmente, profesor Rotschuch, no creo que el mundo mediático se acabe con la desaparición de sus columnas de opinión en El Nuevo Diario. Nicaragua no ha perdido nada. En el casi virgen mercado laboral de comunicadores, hay mucha pluma vibrante y joven en el tintero que podría darle esplendor a El Nuevo Diario. No se equivoque, profesor, que el rumbo que ha tomado El Nuevo Diario ahora es de futuro y libertad. Usted es otro más que confunde el camino.
* El autor es periodista.
felixnavarrete_23@yahoo.com