• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

“Más allá de los conceptos
De bueno y malo
Existe un campo
Allí nos encontraremos”
Jalaluddin Rumi

¡No quiero oír más mentiras!... es el grito de Andreu (Francesc Colomer), el niño protagonista del film: Pa Negre (Pan negro, 2010), con que se inauguró el festival de cine europeo 2012. Escrita y dirigida por Agustí Villaronga, sobre textos de Emili Teixidor. Hablada en Catalán, como sus autores.

El tema no es nuevo, lo habíamos visto en La lengua de las mariposas (1999) y El laberinto del fauno (2006). La transformación distorsionada de la niñez por la guerra civil en España. Un fantasma que no quiere terminar de desaparecer de esa parte del planeta.

El mundo infantil trastocado en su inocencia, mito y descubrimiento de esta realidad creada por nuestras mentes y corazones ignorantes y pérfidos… no es un planteamiento nuevo. Su éxito radica en el mundo miserable, monstruoso y corrupto que nos presenta en sus 108 minutos de duración y la transformación que de ello deviene en el alma de Andreu.

Todo está podrido y trastocado y ese presente es el pasado-presente que nos recrea Almodóvar en la actualidad, precedido de Carlos Saura, Luis García Berlanga o Luis Buñuel. En este caso la transformación o destrucción de la moral del niño es producto de una serie de mentiras para enmascarar la realidad.

Para salvar una supuesta “moral”, se entretejen una serie de falacias inmorales e ilógicas, creando una realidad esquizoide y unos individuos borderline.

Probablemente ello explique incluso algo de nuestro pensar y comportamiento, dentro de una paralela histórica que compartimos: la guerra… pienso, mientras se ilumina la palabra FIN.

Pero en una segunda lectura, el film trasciende su época, para ubicarnos en el presente; puesto que las mentiras, sobre todo relacionadas con lo que debemos o no creer, pensar y hacer -es decir nuestros rígidos y anquilosados conceptos y creencias- al igual que en la película, han hecho nuestras vidas insoportables.

La historia, la física, la religión, incluso la arqueología… las transnacionales de la bebida y alimentación, de la energía, la economía y el poder mismo, nos han hecho creer algunos “supuestos” sin fundamentos sólidos, que poco a poco van dejando paso a la verdad de un universo en que todo está en discusión.

Todo se está cuestionando. Ahora, nos dicen que la base fundamental de la materia es la no-materia y que el átomo no es sólido. Que todo es un infinito vacío virtual de energía e información.

Una nueva realidad resurge, lo único verdadero es… la nada; e impávidos nos aferramos a esta otra, que minuto a minuto está desapareciendo… quizás por no abrir nuestras mentes a lo que viene, nos estemos convirtiendo en estatuas de sal.

El mundo, como lo conoció el autor o Andreu en el film, se está desintegrando a una velocidad desconocida y el grito del niño se ha comenzado a escuchar alrededor del mundo como un tsunami de pólvora china.

Contingencia que hace que muchos se lleven las manos a los oídos, a los ojos o a la boca, imitando a los macacos, pero… pero… mientras camino por el pasillo de salida, sigo escuchando con claridad el clamor de Andreu: ¡No quiero oír más mentiras!
* Escritor