•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El lenguaje, como la vida misma, está constantemente haciéndose y rehaciéndose en un proceso dinámico de renovación y cambio.

Porque una lengua no es algo ya hecho, un producto estático y acabado, sino un conjunto de “modos de hacer”. Como gran creador de palabras y expresiones, el hablante nicaragüense echa mano a diferentes recursos lingüísticos en su proceso incesante de renovación léxica.

Uno de estos recursos consiste en adoptar una palabra totalmente formada, procedente de la ciencia u otra fuente.  Un paracaidista, sea por caso, es una persona que ha sido adiestrada para descender en un paracaídas. ¿Qué acepción ha tomado esta palabra en el uso popular en nuestro país y otros como México y Guatemala? Persona que ‘se asienta ilegalmente en un terreno o casa abandonada’.

Citemos un texto de un diario de circulación nacional: “José María Martínez dijo que los paracaidistas hicieron con los árboles maderables y los postes del cerco que protegían la propiedad, una inmensa fogata para celebrar lo que ellos consideraron su conquista”. (END/18/06/08)

Más curioso y de mayor extensión  -se usa también en casi toda Centroamérica, República Dominicana y casi toda América del Sur-  es el empleo de este término para significar ‘persona que se acostumbra a presentarse en un lugar sin haber sido invitada’. Es el mismo “colado” usual también en estos países: “Me dijo un embajador acreditado en Managua que en una fiesta que él celebró el año pasado en esta ciudad asistieron trescientas personas, de las cuales un veinticinco por ciento eran colados. Es importante señalar que los “colados” suelen asistir más a fiestas oficiales, recepciones diplomáticas, etc., que a fiestas privadas”. (León Núñez: LP/23/03/06)

Otro recurso, más prolífico que el anterior, es la creación de voces añadiendo afijos  -ya sean prefijos o sufijos-, con base en la raíz de una palabra ya existente en el idioma. Es el fenómeno de la derivación. Así, de la palabra chancho (sucio), el nicaragüense ha formado “chanchada” con un nuevo significado: ‘error de consideración’; y de “chanchada”, ha formado “chanchadal”, para referirse a un error de gran magnitud o de muchos errores: “Han hecho chanchadales de todo tipo y de todo grosor”. (LP/10/08/03, EAS)

Después de la derivación, el recurso más importante en el proceso de enriquecimiento del vocabulario es la composición, como “pisicorre” (de pisa+corre =pisa y corre= pisicorre). El vocablo está tomado del beisbol: pisa (la almohadilla) y corre a la siguiente. “Pisicorre” (pisa y corre) es el individuo “escurridizo, que hace muchas cosas pero no se responsabiliza de ninguna”: Jueza suplente “pisa y corre”. (END/14/06/03)

Como resultado de la ley del menor esfuerzo, en lingüística es frecuente el recurso de la abreviación o truncamiento, consistente en la reducción del cuerpo fónico de una palabra por la pérdida de sílabas completas, la mayor parte de las veces por apócope. Así, el sustantivo “degenere” (corrupción, inmoralidad) es una abreviación que el nicaragüense ha hecho del adjetivo degenerado: “Los principales agentes del degenere son los políticos”. (END/09/09/03)

Otro vocablo que amplió su significado es chagüite (del náhuatl chiauitl, plantación en terreno húmedo). En Nicaragua designa, en sentido general, la plantación de bananos, guineos o plátanos. En Chontales, sobre todo, significa también desolladura en el caballo causada por las espuelas. En la década del ochenta, el término adquirió un nuevo significado: ‘discurso o alocución, arenga’: En Roma, Italia, me jalé un “chagüite” donde di a conocer cómo era el movimiento obrero aquí en Nicaragua. (Domingo Sánchez “Chagüitillo”/ Gente de Gallos/mayo-junio/07)

El origen del término con este nuevo significado se remonta a los discursos políticos de don Domingo Sánchez, apodado “Chagüitillo”, por ser oriundo de este pueblo del municipio de Sébaco. Él nos lo explica así en la revista citada: “Eso del chagüitazo fue una creación de Henry Ruiz; dicen que decía: “Hombré, andá echate tu buen chagüite”; pero era “buen chagüite”, porque yo era buen orador. Es decir, un discurso político, ideológico, como yo lo sabía hacer”.  Pero bien pronto, el vocablo se matizó de un sentido despectivo. Continúa don Domingo: “Ahora, ha decaído, ahora “chagüite” es cualquier cosa, puro bumbumbum, blablablá”. Del sustantivo se formó el verbo “chagüitear”: discursear, generalmente en forma insustancial y demagógica: “Solo sirve para chagüitear y enardecer a las masas”. (LP/07/12/03/EAS)

Como hemos visto, las palabras y giros, gastados por el uso, ceden paso a expresiones nuevas, sorprendentes y matizadas de energía y afectividad. “Nuevos conceptos exigen palabras nuevas”, dice Bertil Malmberg en La lengua y el hombre, y “nuevos hechos confieren a las palabras viejas un contenido modificado”.

rmatuslazo@cablenet.com.ni