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La dimensión y vertiginosa evolución de sus vínculos con América Latina, conducen a China a calificarlas de “estratégicas”. Latinoamérica observa cada vez con mayor atención quién se interesa vivamente en la región. El coloso asiático se convertirá en nuevo referente económico, como hace dos siglos lo fue la España colonial, Inglaterra en el siglo XIX y Estados Unidos en el siglo XX.

Su bien definida política de Estado hacia la región, se interesa por materias primas como el cobre chileno y peruano, la soja argentina y brasileña, el petróleo venezolano y el mineral de hierro brasileño, entre otros; sus compras explican el boom de los commodities y la razón por la que la crisis global iniciada en diciembre de 2007 ha afectado menos a América Latina que a otras regiones.

América Latina aspira a disfrutar su cuota en el portentoso crecimiento chino; en los últimos años, Pekín multiplicó sus visitas “económicas”, firmando acuerdos con países productores de petróleo. Brasil es el país más atractivo por sus inmensas necesidades de financiamiento en infraestructura, con más del 50% de futuras y potenciales inversiones.

Actualmente, las geofinanzas son básicamente asiáticas: seis principales bancos chinos cuentan con una “capitalización de mercado” de 801 mil millones de dólares, superando a los seis más grandes de Estados Unidos. Representan la mayor parte de ganancias bancarias globales: 21% del total general, basado en “capitalización de mercado”.

Cuatro bancos chinos figuran en los diez primeros sitios: Industrial Comercial Bank of China (ICBC: uno), China Construction Bank (CCB: dos), Agricultural Bank of China (cinco) y Bank of China (BOC: siete).

Las dos tendencias de pérdida de competitividad en la manufactura y revitalización de la producción de materias primas, amenazan la industrialización y la perspectiva de largo plazo de América Latina, por carecer de innovación tecnológica.

Desde 2005, China ha otorgado empréstitos por más de 75 mil millones de dólares a América Latina, siendo los de 37 mil millones de dólares en 2010, mayores a los préstamos conjuntos del Banco Mundial, BID y Banco de Exportaciones-Importaciones de EU. El Banco de Exportaciones-Importaciones de China ofrece menores tasas de interés que EU.

Los bancos occidentales y chinos no se traslapan significativamente en América Latina, dado que otorgan diferentes empréstitos a diversos sectores y países. Se enfocan en préstamos basados en recursos naturales y sectores de infraestructura. La banca anglosajona es especulativa, mientras la banca china es más economicista, centrada en trueques de materias primas por créditos blandos.

Chinese Development Bank (CDB) es uno de los tres bancos de “política pública” de China, responsable de magnos proyectos;  no imponen condiciones políticas a los gobiernos, cuyos términos financieros parecen ser mejores para los sudamericanos.

Lo interesante radica en que los empréstitos de los bancos chinos a América Latina, se dispararon exponencialmente a partir de 2007. En apenas tres años, las finanzas chinas en Latinoamérica crecieron de mil millones de dólares a 75 mil millones.

En la primera década del siglo XXI, China se insertó definitivamente en la economía latinoamericana, el comercio bilateral aumentó de 10 mil millones de dólares en el 2000, a más de 140 mil millones de dólares en 2008, ayudando a la región a sobrevivir la crisis económica mundial.

Según la CEPAL, China multiplicó sus inversiones en América Latina en minería e hidrocarburos, infraestructuras ferroviarias y siderurgia, reforzando y diversificando su presencia en la región. Brasil se convirtió en su décimo socio comercial, superando a Rusia, siendo sus principales socios comerciales la Unión Europea, EU y Japón. Otorga ayuda sin condicionar medidas de protección ambiental o ejercicios de participación comunitaria.

Surgen preocupantes señales sobre las prácticas de crédito aparentemente benignas, su asistencia financiera está vinculada a la extracción de recursos naturales, especialmente petróleo y minerales. Las exportaciones de América Latina sólo constituyen el 6% del total de importaciones chinas, de las que gran parte corresponden a Brasil; la inversión directa de Pekín es sensiblemente inferior a la dirigida a otra gran fuente de materias primas: África, exclusivamente concentrada en la minería.

El coloso asiático que en 1995 importaba 500,000 barriles diarios de petróleo, requería en 2010 cinco millones, y se presume que su voracidad energética crecerá en un 120% de aquí a 2035. Los yacimientos descubiertos en aguas del Atlántico brasileño, cuya explotación aún no inicia, quizá consoliden un eje de intereses entre ambos países. Una entente chino-brasileña no dejaría de preocupar al otro gran devorador de petróleo, Estados Unidos, cada vez menos activo en lo que un día se calificó de su patio trasero.

* Diplomático, jurista y politólogo