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El recordado periodista y maestro Emigdio Suárez Sobalvarro solía preguntar a los colegas que se aferraban irracionalmente a un empleo, o bien, que salían echando chispas cuando se les cerraba un  espacio: “¿Para qué querés estar en un lugar donde no te quieren?”.

Esta pregunta me vino al recuerdo cuando leí en Confidencial del 3 de mayo de 2012 la que considero desproporcionada reacción del profesor de Periodismo y abogado, Guillermo Rothschuh Villanueva, al ser cerrados sus espacios de opinión en El Nuevo Diario por razones que los jefes del rotativo, al ser consultados telefónicamente, calificaron de eminentemente técnicas en el contexto de los cambios formales –uno de ellos el diseño- y conceptuales, que experimenta ese medio de comunicación.

Uno de los consultados alegó que, en realidad, los escritos de Rothschuh tenían pocos lectores por su manera altamente académica y compleja de exponer las cosas más simples, y que ponerlo fuera era un deseo tan viejo como los tiempos anteriores a la relativamente reciente compra-venta del control accionario.

La intencionalidad de los escritos es otra cosa. Trabajando yo todavía en ese rotativo, antes de mi actual jubilación, recuerdo que, en la segunda mitad de los años 90, un movimiento de redactores protestó ante la Dirección del periódico porque, según ellos, Rothschuh utilizaba su espacio en El Nuevo Diario para descalificar sutilmente el trabajo del mismo, y para ensalzar cada vez más abiertamente el trabajo del diario La Prensa.   

Alegaban también, algunos de ellos todavía estudiantes de Periodismo-  que la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA, bajo su decanatura se había convertido en un virtual laboratorio discursivo de disección anatómica, donde a diario se exponían las vísceras que ellos censuraban en el cuerpo informativo del periódico.  

El resultado de todo aquello fue que los escritos del maestro, articulista y abogado  chontaleño, estuvieron temporalmente proscritos, e hizo falta, por parte del aludido, una serie de muchas visitas e intensos cabildeos para recuperar algunos años después el espacio perdido.

Sobre el academicismo enrevesado del articulista defenestrado, basta leer su iracundo libelo del 3 de mayo en Confidencial, que a propósito fue día de la Santa Cruz. En ese libelo, para “crucificar” a los doctores León Núñez, director, y Luis Rivas, representante de los dueños, el maestro obliga a los lectores a tragarse un pesado ensayo sobre la propiedad de los medios de comunicación y la vulnerabilidad de los mismos ante los poderes financieros, solamente para decir en cuatro líneas que León Núñez es un director de segunda, y que Luis Rivas es un recadero de tercera.

Todo esto abonaría al academicismo enredado y a la poca captación de lectores en los sectores populares como pretexto técnico de algunos para separar al profesor Rothschuh de la página de Opinión de El Nuevo Diario, pero en realidad, eso es asunto de ellos.

Lo que desilusiona es la forma insultativa en que Rothschuh se aleja del famoso rotativo por el que han pasado las plumas grandiosas de Danilo Aguirre, Manuel Eugarrios, Ricardo Trejos y Luis Hernández Bustamante, entre otros, y que en la actualidad es uno de los dos principales periódicos de Nicaragua, con un director de lujo y un representante de la mayoría accionaria que son personalidades dignas de respeto en el contexto de la sociedad nicaragüense.

Aun con todo, sostengo mi admiración y respeto por el profesor, periodista y abogado Guillermo Rothschuh Villanueva, y no solamente por la calidad de padre que tiene.  También por el peso de su apellido en la literatura y la educación de Nicaragua y la chontalenidad, por su incansable labor de lectura e investigación, y por haberle dado a la enseñanza universitaria del Periodismo un mayor rigor científico
Y es precisamente por eso que no le lucen al maestro las rabietas, las salidas indignas ni los insultos.

*El autor fue periodista y editor de El Nuevo Diario