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Recientemente se conoció que en el período 2007-2011 el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, otorgó préstamos al Gobierno de Nicaragua para inversiones en infraestructura que rondan los 800 millones de dólares, la mayor parte de los cuales se destinó a carreteras, caminos, energía, sector privado y otros. También trascendió que ese organismo desea negociar para un nuevo ciclo a partir de 2013 inversiones con mayor retorno social; es decir, con mayor impacto en la calidad de vida de los nicaragüenses.

Desafortunadamente la información de los cinco años referidos no explica cuántos millones del BID destinaron a proyectos de agua y saneamiento, y por lo que conozco al cierre de 2011 las cifras ejecutadas en este importante servicio resultan verdaderamente minúsculas.

A fines de 2009 se habían ejecutado los fondos contratados hasta el 2006, es decir por el gobierno anterior, y en 2008 se negoció con el BID una nueva operación en agua por 30 millones de dólares, con la cual se harían mejoras en agua en varios sectores sobrepoblados de la capital y se estudiarían las nuevas fuentes para Managua. Tres años después apenas se ha terminando el estudio de factibilidad, es decir el monto se fue al nuevo quinquenio.

Las últimas ejecuciones relevantes en este sector provienen de KFW (La Planta de Tratamiento de Managua en aguas residuales y en mejoras al sistema iniciado en 2009 en Granada); Cooperación Española -FAD- en los sistemas de Diriomo-Diriá, Boaco y San Juan del Sur (los dos últimos deberían estar concluidos); el Acueducto desde el Cocibolca y la Planta potabilizadora de Juigalpa financiados por Corea del Sur; sistemas pequeños en localidades de Nueva Segovia y Estelí con fondos de G.D. Luxemburgo, y mejoras a sistemas locales en tres municipios de Chinandega con fondos BID.

Entre 2010 y 2011 estaba planeado transformar el abastecimiento en al menos 30 asentamientos de Managua con empréstitos del Banco Mundial arriba de US$40 millones (Prasma), e iniciar al menos siete ciudades, incluidas Santo Tomás, El Rama, Nueva Guinea, Cárdenas y Masaya –en saneamiento-, con los nuevos fondos de la Cooperación Española. En ambos casos la ejecución se lleva con mucha lentitud y son montos modestos para las grandes necesidades de las ciudades intermedias. Por los pocos avances también las registrarán en el ciclo 2012-2016.

Por desconocimiento y falta de voluntad política las inversiones en saneamiento siguen siendo la gran cenicienta en el país, y más allá de la gran obra de la Planta de Tratamiento de Managua, limitada en su función por los caudales de basura, sedimentos y aguas contaminadas que todavía recibe el Lago Xolotlán, se esconden 30 plantas menores que “tratan” aguas servidas (negras) de igual número de ciudades, cuya vida útil ya pasó en casi todas y urge su ampliación, restauración o nuevas obras para no seguir contaminando importantes cuerpos de agua donde descargan sus efluentes.

Se conocieron datos de los proyectos que el MTI tiene previsto ejecutar en los próximos cinco años y el tipo de obras en ciertos departamentos y municipios que podrían ver mejorada parte de la infraestructura vial. Ojalá se les ocurra acompañar esas inversiones de ciertos sistemas de retención de agua que reduzcan el riesgo de inundaciones y ayuden a conservar este recurso para usos múltiples en las zonas rurales, donde seguro pronto serán muy necesarios ante la frecuente pérdida de fuentes de agua superficiales.

Se sabe que Enatrel dispone de muchos fondos para inversiones en energía, mientras el MEM hace logros propios de inversiones en hidroeléctricas que nos venderán energía de alto costo.

Las zonas rurales no se quedan atrás, las inversiones en agua son mínimas y el panorama resulta desolador por la cantidad de fuentes superficiales que con la gestión indolente y malas prácticas han desaparecido. Posiblemente muchos de los sistemas que se logren construir en estos años con aportes de ONG, que tienen el mérito de haber gestionado y ejecutado la mayoría de los sistemas rurales, no tendrán fuentes sostenibles, pues las áreas de recarga desaparecen dando paso a cerros pelones, pastizales, hortalizas y a veces cafetales, que usan productos químicos que contaminan el agua.

No invertir en agua y saneamiento es apostar a la ingobernabilidad. La población crece, se concentra, surgen asentamientos y urbanizaciones que agrandan el déficit de las pequeñas localidades abandonadas, y contradictoriamente seguimos contaminando nuestros recursos hídricos, las aguas subterráneas y el Cocibolca.

Invertir en agua permite ahorrar en medicinas, se reducen muchas enfermedades endémicas. Qué espera el gobierno para destinar los fondos que ofrece el BID al agua y saneamiento, sí ahí encontrará mayor rentabilidad social, y qué espera para invertir parte de la cooperación venezolana en este servicio.