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La mayoría de los artículos acerca de nuestro sistema educativo hacen referencia a la calidad de nuestra educación en general, sus deficiencias, el grado de cobertura del mismo a la población y cómo educando al pueblo podemos salir de nuestro letargo cultural y socio-económico. Pero nadie dice qué clase de educación necesitamos.

Un reciente artículo del BID menciona que la educación en los países subdesarrollados se encuentra desconectada de la demanda laboral. O sea, que no se implementan políticas educativas para usar la tecnología y facilitar el acceso a una educación que permita que las habilidades y destrezas de los jóvenes se adapten al mercado laboral.

Una nación que lo ha hecho es Corea del Sur. Un país pequeño, con recursos limitados y devastado por la guerra en los 50, hoy este es la catorceava potencia industrial del mundo, gracias a sus políticas educativas implementadas de acuerdo a la tecnología y a las demandas del mercado, y que no se ven afectadas por los cambios de gobierno.

Cada cinco años se reforma el currículum nacional para que los estudiantes (futura fuerza laboral) estén preparados para las exigencias económicas del siglo XXI; además, cerca de tres millones de jóvenes estudian voluntariamente en casa a través de Internet en un sistema gubernamental denominado Cyberhome, que tiene por objeto mejorar la calidad de la educación pública y reducir la desigualdad entre las diferentes regiones del país.

Al ser la educación una prioridad en la agenda política y un pilar clave de la economía surcoreana, la docencia es una carrera profesionalizada, una profesión culturalmente valorada, respetada, y bien remunerada que da como resultado un aparato educativo que funciona a largo plazo y un sistema diseñado para impulsar la economía.

Es importante conocer que países como Taiwan y Corea del Sur casi carecen de recursos naturales como los tiene Nicaragua, cuyo 80% de exportaciones son materias primas. Al carecer de banano, café, cacao, maní, ganado etc., se han dedicado a estudiar y exportar tecnología, así como industrializar sus materias primas para obtener mejores precios. Exportar “libros en vez de petróleo”, dicen los economistas surcoreanos.

¿Por qué los nicaragüenses no hemos logrado industrializar nuestras materias primas?

Porque, en el fondo, no existen verdaderas universidades que trabajen de la mano con el Estado y las empresas privadas en la industrialización de nuestras materias primas.

Desde hace 100 años o más, en todas las naciones desarrolladas existe un trabajo conjunto entre universidad, Estado y empresa privada.

Lo normal es que el tema de una tesis de grado de un ingeniero, cualquiera que sea su rama, se desarrolle con base en un proyecto o necesidad de una empresa o del Estado.

Me atrevo a decir que nuestro sistema de educación primaria, secundaria y universitaria es más deficiente de lo que fue en el pasado. Se perdió la motivación, la disciplina, la excelencia, y nos conformamos con que nuestras mediocres universidades nos den cientos de mediocres profesionales con los cuales no vamos a ningún lado. Quizás es preferible que tengamos la décima parte de profesionales pero que sean capaces, el 90% restante pueden llegar a ser buenos técnicos.

¿Para qué necesita el país a 18,000 abogados que hay al día de hoy (materia prima para la corrupción del sistema judicial)?

Los gobernantes nicaragüenses nunca en la historia han tenido tanto dinero como en el actual gobierno. Por favor, no desperdiciemos el dinero en proyectos no rentables. A la niñez y a la juventud debemos enseñarles a sacrificarse estudiando duro, caso contrario les hacemos un enorme daño entregándoles un título que no merecen.

Nuestro problema, además de cobertura, o sea cantidad de personas bajo el sistema educativo, es también la calidad del sistema y la articulación necesaria entre la escuela en particular, la educación en general y el mundo del trabajo en la perspectiva de este siglo, lo cual hace que parte de la educación sea la tarea de formación del individuo para el tipo de trabajo que demanda un mercado tan difícil como es el actual, lo cual obliga a nuestras autoridades educativas a articular la educación de una forma distinta a la existente hoy día.

No sólo es educar, es educar con un objetivo determinado. ¿Tiene un objetivo la educación universitaria en Nicaragua? Si queremos cambiar Nicaragua hay que comenzar cambiando el sistema educativo.

* Abogado

gareas@cablenet.com.ni