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El titulo de mi artículo del 3 de mayo pasado provocó equívocos en algunos de mis colegas que le dan seguimiento a este tipo de artículos, dado que al afirmar “Así se construyen los modelos académicos universitarios”, se pensó que yo haría comentarios a alguna propuesta metodológica sobre este tema, ofrecido por algún órgano especializado del Csuca o la Udual, orientado a las universidades de la región, que en la actualidad se encuentran avocadas a procesos de transformación curricular y/o de sus modelos educativos escolarizados.

No, nosotros no nos referíamos a cuáles deben ser los pasos para la construcción de los Modelos Académicos Universitarios. Eso, según nuestra concepción de los mismos, no existe, sino que lo nuestro era (y es) presentar una hipótesis sociológica para desentrañar las interioridades acerca de cómo se reproducen estos constructos y cómo se han venido autoconstruyendo a través de la historia de 200 años de la universidad nicaragüense, y poner en evidencia por qué es complejo y difícil penetrarlos y transformarlos en una calidad diferente.

Más aún si ese proceso se realiza desde fuera del modelo y lo realizan las mismas personas que durante su vida universitaria, como estudiantes y como docentes, han contribuido y contribuyen a edificarlo y por ende, inconscientemente son sus principales promotores y defensores.

Los Modelos Académicos Universitarios son esas micro-actividades que conectadas entre sí y referidas a una o a todas las funciones universitarias, repetidas mecánicamente una y otra vez, en la cotidianeidad de los pasillos, oficinas y aulas de clase universitarias, poco a poco, se van asimilando a la cultura organizacional hasta llegar a ser parte constitutiva de ella o ellas. Así, de la institución fundada según sus usos y costumbres, el siguiente paso ha sido pasar a la legalidad que ofrecen las normativas y los reglamentos.

Desentrañar esto es de la mayor importancia para identificar por qué la universidad nicaragüense fincada en la función de la enseñanza de las profesiones es como es, y explicar por qué todas las universidades nicaragüenses, con ligeras diferencias, son muy parecidas entre ellas, y por qué todos los centros de enseñanza terciaria, que se fundaron a partir de 1990 se constituyeron llamándose a sí mismas universidades, y auto-reproduciéndose procuraron imitar a las universidades públicas en donde se habían graduado la mayoría de los que serían sus dueños, rectores, decanos y profesores.

También esto es lo que explica por qué hace 20 años, cuando entre 1992 y 1993, para la preparación de mi libro La Universidad contra la Universidad, preguntamos por qué no se investigaba en las aulas de clase de la UNAN-Managua, la UNA, la UNI y la UCA, (y por extensión a todas las universidades y centros de enseñanza terciarios del país).

La respuesta a mi indagación fue que el principal obstáculo a la investigación científica en esas universidades, y especialmente en sus aulas de clases, era que no se investigaba porque el Modelo Académico orientado a la enseñanza de las profesiones no sólo determinaba el comportamiento y actitud de los docentes frente a la investigación, sino que también la relación de las universidades con su entorno y la falta de apoyo, promoción y estímulo de los Consejos Universitarios, a la investigación y a los pocos profesores con vocación investigativa en nuestras instituciones académicas.

Obviamente, esto no quiere decir que 20 años después, en esas cuatro universidades y en el resto de las universidades del CNU y de las universidades privadas, la situación de la investigación sea igual a la encontrada entonces. Claro que no, en el periodo se han creado muchos institutos y programas de investigación en estas universidades y las JUDC han continuado creciendo y desarrollándose.

No obstante, si bien esto es cierto, la investigación ha surgido al garete, de manera aditiva, casual, como una actividad más y sin ninguna o con escaza conexión con los currículos de las carreras y las actividades de extensión. Institutos de investigación, por un lado, y carreras en las facultades, por el otro. Típicos archipiélagos napoleónicos. Tal cual, si la institución llamada universidad estuviera siendo pensada a fines del siglo XIX y no a inicios del siglo XXI.

* Profesor