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En educación la persona es el origen y fin de la misma. Todo empieza en ella, pasa por ella para proyectarse más allá de ella. En ella radican las potencialidades (inteligencia, libertad, emociones, amor, creatividad, imaginación, memoria, crecimiento corporal y de los sentidos, etc.) que hacen posible el proceso educativo, el que a la postre activa la construcción de la persona y su personalidad.

En educación la persona es lo más importante. Todo sale de ella y conduce a ella como parte de su vida y de su actuar en la comunidad social. No obstante, resulta muy difícil definir el núcleo último de la persona o el punto donde confluye y se sintetiza ese maravilloso potencial tan diverso y unitario a la vez, que denominamos vida humana.

¿Qué es la esencia del ser humano como persona?, ¿Qué es lo más suyo y propio de la persona?

Cada vez más autores hablan desde distintos campos (biología, psicología, sociología, medicina, neurociencia, etc.) de la importancia del mundo emocional y de la emoción del amor como clave del desarrollo biológico, mental y social de las personas en desarrollo. En otras palabras, de su educación. No hay aprendizajes sin emoción. Se aprende mejor cuanto más placentera sea la actividad emocional, simultánea a la cognitiva. Al contrario, aprender es más difícil en un contexto emocional neutro, y más aún en uno negativo.

Al respecto resulta interesante apelar a los componentes originales de nuestra personalidad. Nuestro ser desde el seno materno y sobre todo en la primera infancia, vive y se desarrolla en razón del afecto, cariño, amor, seguridad, alimento de la leche materna, etc. Todo esto recibe el infante de sus padres, especialmente de la madre.

El fundamento primigenio de nuestra personalidad es profundamente afectivo a la par que se desarrolla el cerebro tradicionalmente más vinculado al conocimiento.

Esto nos indica que el fundamento de la persona no es el conocimiento, sino el amor. El amor es una necesidad biológica, primaria. La biología del amor. Sin amor enfermamos o morimos. Amor y conocimiento no son dos cosas alternativas, sino que el amor es el fundamento de la vida humana y el conocimiento un instrumento inherente a la misma. Según este principio, si el amor es el núcleo o síntesis última del ser humano, la esencia de la educación, en tanto, construcción de la persona es el amor. El ser humano surgió del amor, se encontró como persona en el amor y acompaña la vida del ser humano con amor. De ahí que la esencia de la educación sea el amor. De lo dicho podríamos fijar una ruta en el desarrollo de la persona en esta dirección: de la biología del amor a la pedagogía del afecto y del amor, de la filosofía del amor a la pedagogía del afecto y del amor. Según varios autores, Humberto Maturana (1997 y 2004), ISHA (2012) la educación se mueve, actúa y fructifica de manera especial en el ámbito del amor en correspondencia a la naturaleza humana que en esencia es amor.

La pedagogía del amor va más allá de todo método didáctico porque el despliegue total del espíritu se concentra en una relación de personas, es decir, del amor. Yo creo en la centralidad del amor para el desarrollo de las personas y para la calidad de los procesos educativos. El centro de todo y que mueve todo es el amor. En definitiva, creo en la inmensidad del amor en sus múltiples y distintas manifestaciones.

Todo el mundo reconoce que en el centro educativo el clima psicoafectivo y psicosocial alimentado por el amor es clave para el proceso de formación y lo que es lo mismo para construir la educación de calidad.

Ese clima lo conforman, entre otros, los elementos siguientes: el concepto humanístico del trabajo, la vigencia permanente de relaciones humanas sanas y constructivas, una comunicación fluida, sincera y creativa, una motivación intrínseca, fuerte y compartida, una autoestima colectiva elevada. Estos son componentes de la interacción necesaria entre personas por donde corre el proceso educativo impulsado por la pedagogía del afecto y del amor.

Lo anterior es aplicable en cualquier momento del proceso educativo de una persona, adquiere una importancia decisiva en la atención educativa de los niños, niñas, jóvenes y adultos afectados por alguna limitación o incapacidad parcial. En estos casos la verdadera metodología y didáctica está determinada por la pedagogía del afecto y del amor.

 

18 de mayo de 2012