Jorge Eduardo Arellano
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Bayardo Altamirano seguía desaparecido, pero al menos por esta vez Caresol había logrado reclutar a un tembloroso Roberto Currie, quien insistía en decir que en El Arenal no tocaban temas relacionados con Historia de diablos y de infiernos. Casi imploraba que no nos refiriéramos a la progresiva metamorfosis de nuestro rey en diablo, evidente en El mural Justiciero en San Rafael del Norte, y mucho menos al nuevo diluvio universal provocado por las mujeres, en contra de los monarcas, por el caso de Zoilamérica.

Aceptaba, eso sí, que todas las cosas infernales que estaban ocurriendo en el reino tenían su origen en La profecía, como el hecho de avecinarse sangrientas batallas religiosas originadas en el monárquico regreso del Ku Klux Klan, poder ciudadano que estaba amaestrado para ver en negro a todo aquel que se rebelase contra la opresión o disintiese de la dictadura.

Dijo el de Managua: “Hasta Ricardo Pasos, quien es un creyente no creyente y que no está con unos porque está contra los otros, me llamó alarmado para advertir que de seguir las cosas planteadas como si el problema político de Nicaragua fuese religioso, teoría fomentada con furor por la reina, todos caeríamos en una trampa que nos conduciría --aunque él no crea en ese lugar-- al infierno. Con rigor teológico fundamentado en su calidad de filósofo, el novelista analizaba de esa manera las calificaciones y descalificaciones de diablos y diablas de la monarquía para con sus adversarios; los special delivery de opositores al infierno; y la reciente aparición de alucinadas rezadoras y piadosos CPC, vestidos de chicha y portando cruces, exorcizando a quienes disientan de las creencias esotéricas de la reina. Sea como sea, esto es muy peligroso, me decía el dueño de El burdel de las Pedrarias, haciendo caso omiso de mi sugerencia de que escribiera un artículo sobre tan peliagudo tema”.

“No va a escribirlo --secundó el de Masatepe-- porque ya Ricardo está por encima del bien y del mal, esto es, sabe discernir, lo cual en este país no es poca cosa. Pero sí tiene razón en que fomentar las contradicciones religiosas es grave y malévolamente inteligente de parte de la reina. Ya se hizo cuando en la revolución existió la Iglesia de los Pobres, calificada de turbas divinas por el Cardenal, la CIA y sus voceros de aquel tiempo. Ahora, cuando el Cardenal es de los diablos gratos, quienes integraban la Iglesia de los Pobres, como Ernesto Cardenal, son diablos non gratos.

Karla Stulzer, gracias al pacto del Cardenal y del rey, debe estar en un infierno especial esperando justicia. Pero lo que es aquel bonachón, bueno y buenísimo sacerdote José Arias Caldera tiene, a pesar de nuestros reyes católicos, un cielo muy especial en el corazón de sus amigos, donde nadie lo manipula y sigue siendo el Monseñor de los Pobres, así como Obando es el Cardenal de los reyes. Los fariseos de en tiempo de La Revolución Perdida intentaron manipular a esos seres frágiles por creer en la verdad y la justicia, en contraposición con una jerarquía insensible y despiadada que los persiguió, expulsó a no pocos y se ensañó con ellos. Me refiero a la jerarquía a cuya cabeza estaba el Cardenal Obando y a la que hace muy poco el rey, por conveniencia personal, le pidió públicamente un perdón que no se lo ha pedido a quienes tiene que pedírselo y en especial a su hijastra Zoilamérica”.

Retomó la palabra el de Managua: “Tienen los monarcas, no cabe duda, una forma muy peculiar de ser cristianos, y por ello jamás comprenderán que si antes fue verdad que entre cristianismo y revolución no hubo contradicción, en la misma medida hoy entre cristianismo y corrupción sí hay contradicción. Los fanáticos inducidos por la reina son portadores de esa contradicción. La Iglesia somos todos y la de Obando tan sólo una secta hoy complaciente con la monarquía, pero es la misma que durante la revolución persiguió a la Iglesia de los Pobres. ¿Es esto o no historia? Los reyes católicos pertenecen por lo tanto a la secta que siempre ha perseguido a la Iglesia de los Pobres, y esa iglesia, la única, dejó su imperecedero testimonio en huesos de héroes y mártires cristianos como el matrimonio Barreda y en los del Monseñor de los Pobres, personaje que me recuerda al Monseñor Quijote de Graham Greene. Esa iglesia de todos está en los huesos de héroes y mártires no creyentes, pues sus cuerpos fueron templos vivos de Dios. Que hoy la reina envíe turbas ignorantes de esos hechos es una afrenta a la verdad que sólo puede generar violencia. Porque esos fanáticos y fanáticas utilizando cruces para estigmatizar y señalar a futuras víctimas, son una alevosa, progresiva y alentada resurrección del Ku Klux Klan”.

luisrochaurtecho@yahoo.com
Jueves, 28 de agosto de 2008.