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Si hay algo que une a las mujeres del mundo entero, es el miedo al futuro con un medio ambiente envenenado por la contaminación y la violencia que ello representa.

Nadie más que las mujeres tienen el derecho de hablar del medio ambiente. Quién mejor que ellas que han debido luchar para proteger su propio cuerpo de la violencia, para comprender lo que significa la violencia y saqueo de nuestros bosques, de nuestros ríos, de nuestras tierras.

No resulta entonces difícil encontrar una relación entre conservación del medio ambiente y la mujer. En las diferentes culturas del mundo son las mujeres quienes mantienen una armonía con la madre naturaleza, para dar continuidad a la vida económica y cultural de la familia.

La mujer en su rol de madre es el ente principal de transmisión de conocimientos y tradiciones dentro de una familia. Todo aquello que la mujer hace su realidad es también la realidad de su familia y su comunidad. Ella lleva dentro de su ser la identificación con la naturaleza y la espiritualidad.

Como dijo una madre indígena chorotega, refiriéndose a su abuela: “Ella era una fuente de saber, conocía las virtudes curativas de las plantas medicinales, y en la mesa cuando todo el mundo estaba instalado, ella era quien decía la oración dentro de un silencio total” (…)

De ahí que toda la inspiración dedicada a glorificar su excelencia y magnitud (con fines consumistas) resulta insuficiente para comprender el mundo de ternura y heroísmo que cabe y palpita en su espíritu sublime. Además de ser madres, son moléculas de actividad, energía positiva que irradia y llena las necesidades materiales y espirituales de la familia, la comunidad y su entorno cultural.

En el Día de las Madres Nicaragüenses anhelo que la paz, justicia social y el amor, les acompañe hoy, mañana y siempre.

* Periodista