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Recientemente me ha llamado poderosamente la atención la utilización de la palabra residuos, la cual se utiliza, en diferentes países, para denotar el valor implícito de los materiales (sólido, semisólido, líquido o gas) que desechamos diariamente, más allá de sus diferentes acepciones.

Desde hace algún tiempo he venido escuchando y observando el creciente interés generado por una actividad que poco a poco ha tomado fuerza en el mundo y en nuestro país; me refiero al “reciclaje”. Es interesante conocer la manera en que los diferentes residuos que son desechados por la sociedad en su conjunto, son igualmente recuperados, clasificados y reciclados, introduciéndose de nuevo en el ciclo de vida de la oferta de bienes y servicios.

Aunque no todo lo que actualmente estamos desechando es potencialmente reciclable, es importante saber que la labor de reciclar tiene un impacto positivo para el medio ambiente que sostiene un sistema económico convulso, amén de la oportunidad que representa para millones de personas, a nivel mundial, que subsisten de esta actividad.

En nuestro país lo que se conoce por reciclaje está orientado a la labor de recuperación, clasificación y venta de residuos, y el reciclaje artesanal se llevaba a cabo con una ínfima parte de los residuos que se recuperan, lo cual, a su vez, es una parte mucho menor del total de residuos generados a nivel nacional. Por ejemplo, a Managua le corresponde el 37% de las 3,500 toneladas que diariamente se generan a nivel nacional. Con esta cantidad de residuos que generamos, bastarían dos días para llenar el “Camp Nou” de Barcelona.

Esta increíble cantidad de residuos representa un serio problema y está asociada con la generación de macro y microvectores que propician la transmisión de enfermedades, la contaminación del aire, la contaminación de las fuentes de agua superficiales y subterráneas; la contaminación del suelo, la afectación a la estética paisajística, en fin, un sinnúmero de problemas de diferente índole que constituyen una carga difícil de sostener para las autoridades municipales.

La mayor parte de los productos de consumo que salen a la venta día a día, al cabo de poco tiempo terminan transformándose en los residuos de los cuales deseamos deshacernos lo más pronto posible. Estos productos son, obviamente, elaborados por diferentes empresas que le han impuesto un valor determinado y por el cual nosotros pagamos, sin embargo, no todas las empresas extienden su responsabilidad más allá de la venta de sus productos. De esa manera los costos que se generan alrededor de los residuos son silenciosamente externalizados.

En términos de costos ambientales las externalidades son aquellos gastos generados por impactos ambientales negativos de la actividad empresarial, pero que son pagados o soportados por el conjunto de la sociedad. Igual pasa con los gastos en que incurren las personas y el Estado en la atención médica por causa de los brotes de enfermedades producto de la mala gestión de los residuos.

Aunque los productores y fabricantes tienen su buena cuota de responsabilidad, hay un factor de mayor incidencia en este problema: el cultural. Para nuestra vergüenza, la mayoría de nicaragüenses no tenemos reparo ni nos interesa conocer los problemas que se derivan de una mala gestión de los residuos.

Hay otro factor que determina los niveles de generación de residuos, el cual forma parte de la estrategia de tratamiento de residuos: la reducción; en este sentido se trata de las acciones que podemos llevar a cabo para reducir la producción de los materiales susceptibles de convertirse en residuos.

Para cumplir con la reducción es preciso poner en marcha cambios estructurales en nuestra sociedad. Es necesario modificar nuestros hábitos de consumo, en esencia, consumir lo que verdaderamente utilizamos y/o necesitamos; separar los residuos desde la fuente: desde el lugar donde se comienzan a generar (hogares, empresas, oficinas), a fin de facilitar su recolección, tratamiento y disposición final; reparar, reutilizar y, aunque en nuestro país se haga en estos momentos de manera artesanal, reciclar.

No basta dar un enfoque economicista a los residuos, o pensar que con la asignación de valores monetarios a los mismos estamos solucionando los problemas. Necesitamos compromisos honorables, éticos y, sobre todo, disciplina. Así estaremos dando un aporte sustancial a nuestro país y un paso trascendental en nuestra vida.

* Miembro del Consejo de Dirección Técnico, Jóvenes Ambientalistas