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Las reformas educativas en el país se han ocupado de realizar reformas en contenidos, orientaciones curriculares y metodología de enseñanza, obviando dos temas fundamentales: el aprendizaje y su evaluación. Una lección aprendida por muchos países es que, las reformas educativas, cuando no cambian métodos de evaluación y estrategias de aprendizaje, acaban fagocitadas por los enfoques tradicionales del aprendizaje y la evaluación, invalidando en la práctica, tales reformas.

La evaluación del aprendizaje guarda relación directa con qué se enseña, cómo se enseña y cómo se aprende. Mientras las instituciones educativas insisten en qué enseñar y cómo enseñar, raramente se enfocan en cómo deben aprender los alumnos, quizás porque quienes responden por el diseño y gestión curricular suponen que los alumnos ya lo saben. Los diversos contextos educativos en que se ha movido nuestra práctica como formador e investigador, nos permite afirmar que, el aprendizaje, es el tema menos previsto y pensado en las reformas y al que menos atención se le da en el centro educativo, siendo el más importante, pues determina el éxito o fracaso escolar.

Son muchos los ejemplos de ello. Uno es cómo se supervisa la actividad docente por parte de la Dirección del centro, así como de asesores de las Delegaciones cuando visitan los centros; su principal objetivo no es conocer si los alumnos aprenden, sino qué contenidos se han enseñado y si su ritmo responde al planificado. Otro ejemplo lo tenemos en los Tepce, dado que su preocupación radica en que los maestros, en conjunto, evalúen lo enseñado, planifiquen lo que van a enseñar, a la vez que se intercapacitan. Estos y otros ejemplos nos confirman que el énfasis se continúa poniendo en la enseñanza, dando por seguro que los alumnos saben aprender eficientemente, lo que no es tan cierto.

Los conceptos que históricamente se han elaborado sobre la evaluación han sufrido también muchos cambios. Lo cierto es que la evaluación ha de constituirse en una actividad que dé cuenta de la calidad del proceso y de los resultados de la enseñanza y el aprendizaje. Es en el proceso educativo que la evaluación formativa cobra sentido, en tanto se trata de que sirva a los alumnos como herramienta para mejorar su aprendizaje, en la medida que el maestro o la maestra les ayudan a revisar y mejorar la calidad de su aprendizaje. De esta manera se trata de superar una visión sancionadora, segmentadora, elitista y punitiva de la evaluación, para convertirla en la mejor estrategia que permita lograr aprendizajes auténticos y significativos. Desde esta perspectiva, el estudiante aprende a generar sus propios recursos para controlar la calidad de su aprendizaje y tomar decisiones que le posibiliten mejorar sus capacidades.

Este enfoque más moderno de la evaluación contribuye a que el alumno, cada día, se vuelva más dueño de sí mismo, reflexione haciendo metacognición sobre sus conocimientos y saberes, para comprender qué está aprendiendo, cómo lo está aprendiendo, en qué medida lo que aprende lo está mal aprendiendo, y qué debe desaprender. Desde esta perspectiva más protagónica para el alumno, el interés del docente es facilitar que éste se responsabilice de su aprendizaje y aplique estrategias exitosas que le ayuden a aprender comprendiendo y con significado.

Es así que, evaluación y aprendizaje, se entrelazan como un único proceso pedagógico, de manera que la evaluación se convierte en una oportunidad para aprender más y mejor, a la vez que el aprendizaje incorpora estrategias de evaluación, desarrollando en el alumno actividad metacognitiva y autorreguladora.

Resultados de pruebas nacionales de algunos grados de primaria y de evaluaciones que el Mined aplica a alumnos que cursan el último año de secundaria, muestran una realidad triste, claro reflejo de los históricos estilos de enseñanza, aprendizaje y evaluación comúnmente utilizados en las aulas, aún cuando tales pruebas presentan todavía un cariz bastante reproductivo.

Al comparar pruebas latinoamericanas con las pruebas que se aplican en los países de la unión europea y algunos asiáticos, salta a la vista el carácter ampliamente reproductivo de las primeras, en contraste con las de la segunda, en las que no se evalúan contenidos, sino competencias bien entendidas. Una mirada rápida a los estilos actuales de enseñanza, a cómo aprenden los alumnos y a los estilos de evaluación en uso, ponen al desnudo un tema que representa el principal nudo crítico de la calidad educativa del país. Podemos transformar la educación, pero si no desentrañamos en profundidad esta problemática, la calidad educativa quedará reducida a todo menos a mejorar la calidad de los aprendizajes y de su evaluación.

Hace falta que delegados, asesores y directores de centros educativos asuman que, gran parte de lo que se está enseñando es poco relevante, útil y significativo; que el aprendizaje se reduce a conocimientos declarativos (conceptos, definiciones, fechas, datos, etc.) que se recitan sin comprensión alguna. Urge superar la complicidad histórica que ellos vienen teniendo, al tratar de “mejorar” estadísticas de “aprobados” pero sin calidad, reflejo de la memorización y mecanización generalizadas, y de pruebas repetidas para “aprobar”, en complicidad con una enseñanza y aprendizaje deficitarios. Es necesario abolir tales mecanismos para garantizar que los aprobados tengan calidad. Urge moralizar, también, la enseñanza y la evaluación. El Mined está empeñado en desentrañar los hilos invisibles que han secuestrado y estrangulado la calidad de la enseñanza, del aprendizaje y la evaluación. Para lograrlo es preciso hacer un alto en camino, conocer a fondo el problema desde el referente que dicta la calidad bien entendida, reducir la tasa de alumnos por maestro; apoyar al docente con formación pertinente, recursos didácticos y salario justo.

Es impostergable emprender la ruta de la calidad con valentía, denunciando y eliminando aquellos artificios que viene utilizando la escuela para “aparentar” calidad. La política “Otra Educación” exige lograr aprendizajes auténticos, moralizando la enseñanza y la evaluación.

*Ph. D Ideuca.