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Todos estamos irritados por la baja en el precio del ganado. Hasta hace unas semanas sonreíamos optimistas por los buenos precios, sin precedentes, que nos pagaban. Nos resistimos a la baja porque creímos que entrábamos ¡por fin! al ciclo de las vacas gordas y que este ciclo sería para siempre. Vana ilusión.

El resentimiento con las plantas procesadoras tiene fundamento, pero en mi opinión, por razones diferentes a las esgrimidas hasta hoy. Canicarne ha cometido abusos en perjuicio de la ganadería, especialmente retardando los pagos del ganado entregado y alterando los rendimientos en canal. Por añadidura han implementando políticas empresariales erradas, según su comunicado del 22 de mayo. Canicarne reconoce su equivocación al subir el precio con el afán de atraer ganado en días de escasez, alza que les resulta insostenible, y por lo tanto, rectifican bajando el precio a un nivel que los ganaderos rechazan.

Siendo la ganadería una actividad de baja rentabilidad, cualquier cambio por el lado de los ingresos repercute en el bolsillo; de ahí el malestar actual. En el corto plazo la queja tiene justificación. Pero el problema de las bajas utilidades de la ganadería no radica solamente en el precio recibido sino en los altos costos derivados de una ganadería ineficiente y de producir mayoritariamente carne industrial.

Para que nos vaya mejor a largo plazo no es suficiente reclamar con justicia mejores precios sino ser más eficientes, porque hablando a calzón quitado somos la riata como productores de buena carne. Se trata de problemas estructurales que permanecen sin corregirse porque precisamente no nos gusta abordarlos.

Nicaragua exporta, en mayor porcentaje, carne industrial, la que por su baja calidad se muele para hamburguesas, y por su pobre calidad es la de menor precio. Nuestra ganadería no ha evolucionado con los mercados internacionales. Los buenos restaurantes, e incluso, Mac Donald ofrecen hamburguesa superior con carne de Angus, o sea, se prevé que pronto para las hamburguesas se utilice carne superior en vez de carne como la nica. Si no comenzamos a alinearnos con la tendencia de los consumidores iremos a la catástrofe. Nicaragua ya importa carne de ganado Angus. Persistimos en dos errores:

A) La práctica de ganadería de doble propósito extensiva (15 kilos de incremento mensual en el peso cuando debería ser de 30). Este sistema, ineficiente por razones genéticas y de manejo, es practicado no por gusto del ganadero sino que las circunstancias lo han obligado a trabajar así al despreocuparse todos los gobiernos por el financiamiento y la transferencia de tecnología.

B) La utilización masiva de la raza Brahman, excelente por varias razones pero su carne no alcanza los estándares que modernamente exigen los consumidores de los países que nos compran. Si el consumidor demanda carne de mejor calidad ¿Por qué seguir produciendo lo que va en declive? La buena calidad determina el buen precio. Esa es la clave.

Investíguese qué porcentaje de semen de razas con carne suave se vende en Nicaragua y veremos lo mal que andamos. En los catálogos de la industria de la inseminación el 70% de la oferta es de raza Angus, el 20% Simmental, el 9% otras razas y el 1% o menos Brahman. Estas cifras nos deben alertar sobre las preferencias del mercado. La tendencia mundial es desechar el consumo de carne de la raza Brahman, pero los ganaderos de Nicaragua persisten en lo contrario. En Expica, de cada 10 toros exhibidos 8 son de esta raza.

Las razas de carne de origen europeo requieren manejo diferente y es aquí donde las asociaciones gremiales deben esforzarse por promover ese cambio. Pero todo quedaría en nada si los mataderos no cambian: es hora que paguen diferenciadamente la calidad de la carne. Hay que exigirles el pago por calidad, sólo así habrá estímulo para mejorar nuestra ganadería de carne. Hasta hoy pagan igual la mala que la buena calidad porque nuestra carne tiene mala calificación en el mercado exigente.

Una vez que se calmen los ánimos y se llegue a una solución justa al actual problema convendría sentarse a analizar los problemas esbozados si no queremos ir en los años venideros al degolladero.

* Administrador de Empresas y ganadero aficionado