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El semanario El Mercurio, al arribar a su 12 aniversario, ha decidido anunciar con más ahínco la mudanza de la nota roja hacia lo social. Su cambio ocurre precisamente cuando Crónica TN8 desesperadamente pretende conquistar el primer lugar en la pantalla, violando el derecho de imagen y privacidad, y burlándose principalmente de los pobres. Una lógica que denota que la nota roja se ha constituido en la estrategia facilista para ganar rating, a costa de las desgracias de terceros, renunciando al verdadero rol de los medios de construir ciudadanía crítica y fortalecer la institucionalidad.

En realidad la mudanza de El Mercurio ha venido gestándose en los dos últimos años con réditos alentadores: incremento de su circulación y publicidad. Los cambios más sustanciales se han traducido en la portada, donde los rostros ensangrentados y desnudos en la contraportada han desaparecido.

Juan Carlos Aguerri, director de este medio impreso, durante una ponencia a los estudiantes de Comunicación y Relaciones Públicas de la UCC, afirmó que estos cambios son una muestra del eco a las críticas de durante mucho tiempo vinieron formulando distintos actores contra la nota roja.

El hecho de que El Mercurio centrara su agenda en nota roja dio como resultado el castigo publicitario del sector público y privado, administrado principalmente por las agencias de publicidad. Un hecho que demuestra que las agencias de publicidad, cuando se lo proponen, no se basan únicamente en el rating para distribuir la publicidad, sino que también prestan atención al criterio ético. Sin embargo, al parecer la Nueva Radio Ya, Acción 10 y Crónica TN8, han corrido con más suerte al gozar de grandes paquetes publicitarios, principalmente del sector privado, sin tener que mostrar un comportamiento ético. Ojalá que el criterio ético fuera retomado por las agencias de publicidad.

Los cambios hacia una agenda social se pueden corroborar también en el interior de este semanario. La periodista Lesbia Umaña, editora de este semanario, se ha dado a la tarea de crear diversas secciones encaminadas a fijar una agenda que priorice la salud, economía y servicios básicos. Aunque todavía está pendiente mejorar el lenguaje de sus titulares, los cuales siguen cargados de escaliche, un tema pendiente que seguramente poco a poco irá mudando hacia un correcto uso del español.

Juan Carlos Aguerri, a diferencia de los actuales directores de prensa que ofertan nota roja, siempre ha tenido la virtud de retroalimentarse de los estudiantes de comunicación, como una especie de rendición de cuentas a su lectoría. Recuerdo que en 2004, en pleno boom de la nota de El Mercurio, Aguerri se sometió al escrutinio de los estudiantes de comunicación en el Aula Magna de la UCA. Un ejercicio que ha vuelto a retomar en el marco del 12 aniversario de este semanario, con los estudiantes de Comunicación en UCC.

La rectificación que poco a poco ha venido realizando El Mercurio resulta saludable, sobre todo cuando, luego de llegar a 12 años, pretende incrementar su circulación dos veces por semana y llegar a 50 mil ejemplares. Aunque Juan Carlos Aguerri ha asegurado que El Mercurio cambió para siempre, resulta imperativo que los ajustes en su agenda continúen a lo largo y ancho de sus páginas; también se incorporen reportajes, se fortalezca la voz de la ciudadanía con verdaderas piezas de periodismo cívico, y también se incorpore la fiscalización al sector público y privado.

Los cambios del semanario El Mercurio vienen a ratificar que para alcanzar lectoría, audiencia y publicidad, no se necesita hacer escarnio de los pobres, ni violar la privacidad en las viviendas humildes de la capital y resto del país. También una agenda social que responda a los intereses de la ciudadanía puede despertar interés público, y gozar de aceptación de la mayoría sin tener que caer en el amarillismo y el morbo.

La ventaja que tienen muchos medios de nota roja en Nicaragua, es que mientras no existan marcos jurídicos que castigue este tipo de información en detrimento a los derechos humanos, están a tiempo de rectificar su política informativa, tal como El Mercurio valientemente ha reconocido su mala práctica del pasado y se ha propuesto trabajar en un periodismo que responda a los intereses de la ciudadanía.

* Director Escuela de Comunicación y Relaciones Públicas, UCC

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