Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Es importante analizar la lucha entre el psicoanálisis y las otras escuelas psicológicas. Los Freudianos acusaban a las otras corrientes de favorecer a las industrias farmacéuticas, pues se sabía que muchos de la escuela cognitiva-conductual remitían a sus pacientes en tiempos breves al psiquiatra. Las corrientes contrarias a Freud, argumentaban que los registros de los pacientes del padre del psicoanálisis no estaban en orden y mostraban muchas irregularidades. La periodista Karin Obbolzer investigó el caso del paciente de Freud, Sergei Pankejeff, al cual llamaban “hombre de los lobos”. Su conclusión fue que éste nunca se curó, sin embargo retiraba todos los meses un cheque que le daba la “Fundación de Freud”. También se habló de fraude con la famosa señora Q, la cual remitió a un colega sin encontrar cura. También se denunció el caso de una paciente que al vincular su nariz con el aspecto sexual, en el llamado “reflejo nasal neurótico” acuñado por Fliess, el Dr. Freud le aplicó cocaína y al ver que no sanaba la remitió a donde su amigo Wilhelm Fliess quien la operó. El resultado fue catastrófico, la paciente quedó con la nariz mala y sin curar sus dolencias. Sin embargo, la escuela psicoanalítica manejaba muy bien la propaganda y la persuasión del público, su “Boom” mediático apabulló a la crítica del psicoanálisis.

Las primeras críticas a profundidad al psicoanálisis vinieron de Karl Popper en su libro “Conjeturas y refutaciones”, donde establecía que el psicoanálisis era una seudo ciencia. Decía que basaba sus teorías en hipótesis no falseables y por reformar la evidencia cuando no confirmaba las hipótesis primarias. No pasaba los criterios de demarcación de la ciencia, pues no superaba el criterio de falseabilidad. Por ejemplo, si el paciente en la terapia manifestaba explícitamente o simbólicamente sintomatología sexual de su neurosis, no había problemas en la teoría, y si no lo presentaba tampoco, porque estaba en estado reprimido, bloqueo o “mecanismo de defensa del inconsciente”. Una “lógica binaria” que inmunizaba a las hipótesis freudianas y no permitían ser falseables. Esto no pasaba, manifiesta Popper, en las teorías de Einstein, por ejemplo.

Sin embargo, Adolf Grunbaum consideraba que la Teoría Psicoanalítica sí era falseable y de hecho era falsa. B.F, Skinner manifestaba que no se podía especular con los procesos internos de la psiquis humana, cuando no disponía el método psicoanalítico de los medios de observación apropiados. En el libro “Imposturas intelectuales”, Sokal y Bricmont arremetían contra el ortodoxo psicoanalista Lacan, acusándolo de querer disfrazar de ciencia con lenguaje matemático al psicoanálisis.

Uno de los críticos más militantes al psicoanálisis es Mario Bunge, que retoma el pensamiento de Popper de índole epistemológica y lo refuerza con la de falta de consistencia externa. En su opinión, el psicoanálisis no se coordina con disciplinas relacionadas e incluso entra en contradicción con ellas. Disciplinas como la psicología experimental, la neurociencia cognitiva y todas las ciencias biológicas. Todas estas ciencias han hecho descubrimientos que son incongruentes con los postulados freudianos. Bunge, al igual que Skinner, también hacía la observación de que el psicoanálisis presenta la dualidad Cerebro-Mente, algo que la neurociencia está refutando, pues Antonio Damasio ha demostrado el funcionamiento integral del cerebro, y Bunge expresa que la mente no es aparte, ni antes ni después que el cerebro, sino que la mente es el cerebro en marcha. El mismo Dr. Gregorio Klimousky, gran defensor del psicoanálisis y por ello premiado por la Asociación Psicoanalista Internacional, en su libro “Análisis al Psicoanálisis”, hace malabarismos y piruetas argumentales de orden epistemológico y sucumbe en su defensa. Pide que el psicoanálisis sea tomado provisionalmente como proto-ciencia, mientras las teorías freudianas se coordinan entre sí. Y otros seguidores de las teorías freudianas exigían que se les eximiera del escrutinio de la experimentación y la verificación. Al hacer esto, el psicoanálisis no sería muy diferente a las creencias de fe que exigen lo mismo.

La teoría del inconciente, en la cual se basa el psicoanálisis, también ha sido rebatida por la neurociencia. Lo mismo ha pasado con la teoría del desarrollo psicosexual de los niños, pues la neurociencia ha demostrado que las funciones sexuales residen en el hipotálamo, el cual en los primeros años de vida del ser humano no está totalmente maduro, al igual que el lóbulo prefrontal --relacionado con la capacidad lógica y reguladora de las emociones-- deja de crecer y madurar hasta el final de la adolescencia. Además, el sueño para la neurociencia es otro estado de la conciencia, y no el inconciente hablando simbólicamente. Ha habido miles de estudios del sueño REM (movimiento rápido del ojo), y con electrodos se ha demostrado que las conexiones neuronales son similares estando despierto.

Pero ninguna crítica es más elocuente que aquella que viene basada en los resultados de estudios comparativos de diversas terapias. Hans Eysenck, en su libro “Decadencia y caída del imperio Freudiano”, presenta estudios donde la psicoterapia freudiana no supera el efecto placebo (44 %), y en muchos casos hasta desmejora al paciente. Eysenck destaca en sus estudios que la terapia más efectiva es la cognitiva-conductual, y en segundo lugar, muy lejos, las terapias sistémicas. Las terapias cognitivas-conductuales han tenido éxito donde el psicoanálisis ha sucumbido; son ejemplo, los trastornos de ansiedad, depresión mayor, disfunciones sexuales, problemas de pareja, trastornos de alimentación, adicciones, trastornos de conducta en la infancia, enuresis (orina en la cama), déficit atencional, hiperactividad y muchas otras más. Por último, hasta el influyente Dr. Spock se retractó de sus influencias freudianas y pidió disculpas por sus consejos erróneos en sus libros de educación de párvulos.

Pero el dato más objetivo de la decadencia de las teorías freudianas es su actual influencia en pocos países. El paraíso del psicoanálisis es Argentina, y aún allí la terapia del diván está siendo diluida en terapias integrales. Un estudio de la Universidad de Belgrano realizado en Buenos Aires reveló que los psicoanalistas “puros” porteños han descendido del 70 al 51 %, y al mismo tiempo las terapias “integrales” o menos ortodoxas han crecido del 26 al 40 %. Muchos de estos “apostatas” del psicoanálisis han comprendido que el hecho de saber las razones de las afecciones psicológicas, no implica su cura, hay que ir más allá. Las teorías freudianas se diluyen como un grano de azúcar en un mar salado de terapias adversas y más efectivas. Es por eso que decimos “El Dr. Freud agoniza en su diván”.

rcardisa@ibw.com.ni