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Con frecuencia escuchamos expresiones del tipo: “Lo responsabilizó de ser el responsable...” Y a continuación el hablante -seguramente consciente del agregado superfluo o como para dejar constancia de que se ha percatado del error- agrega como excusa la muletilla “valga la redundancia”.

En teoría de la información, el concepto “redundancia” está asociado al pleonasmo y viene a ser sinónimo de repetición innecesaria en cualquier comunicado o mensaje, “cuando comprende más símbolos de los necesarios para transmitir el contenido esencial de una idea” (Umberto Eco). Pero tiene dos acepciones. La primera es una figura de construcción que “consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para el recto y cabal sentido de ella, pero con los cuales se da gracia y vigor a la expresión”. Es frecuente en el lenguaje publicitario, el registro oral y en la literatura de sesgo tradicional, como algunos romances antiguos. Veamos estos ejemplos en los cuales la expresión comunica viveza, energía y colorido:

Lo toqué con mis propias manos.

Firmó el documento de su puño y letra.

Lo escuché de su propia boca.

Yo lo vi con mis propios ojos.

Es frecuente con las variantes pronominales:

A mí me lo dijeron.

A usted se lo entregaron.

A él lo aplaudieron.

Observemos que los “complementos pleonásticos o redundantes” (a mí, a usted, a él) están demás, pero le imprimen a la expresión un carácter enfático:

Me lo dijeron (a mí).

Se lo entregaron (a usted).

Lo aplaudieron (a él).

Estos complementos pueden también llevar agregados como “mismo”, “propio”, “en persona”, etc. Veamos:

A mí mismo me lo dijeron.

Al propio jefe le reclamaron.

A él en persona lo aplaudieron.

Es común con variantes pronominales que indican enfáticamente posesión o interés de la persona a que se refieren:

Se te ha roto el pantalón.

Me compré un libro.

El empleo no recomendable del pleonasmo es el que se refiere a “demasía o redundancia viciosa de palabras”. Veamos los siguientes textos:

Derribar por tierra.

Desterrar de la patria.

Entrar adentro.

Volar por el aire.

Nadar en el agua.

¿Por qué? Estos verbos (derribar, desterrar, entrar, volar, nadar) no necesitan estos modificadores o complementos (por tierra, de la patria, adentro, por el aire, en el agua) porque los incluyen, los llevan implícitos en el contenido semántico.

Ahora, observemos estos ejemplos:

Lo desterraron de la amada patria.

El avión vuela por el aire enemigo.

Terencio nada bien en aguas tempestuosas.

Estos enunciados son admisibles porque en ellos se ha alterado o modificado el significado del adverbio o del complemento, y casi siempre son pronunciados con vehemencia y afectividad.

A veces, construimos expresiones en las que se repite el verbo como en estos ejemplos:

Mire a ver quién es el dueño.

Veamos a ver qué podemos comprar.

Enunciados como estos pueden prescindir perfectamente de los verbos iniciales, así:

Vamos a ir al cine

Mire quién es el dueño.

Veamos qué podemos comprar.

Pero aquí, la reiteración es admisible, aun cuando los verbos (vamos, mire, veamos) implican la idea de “ir” y de “ver”. ¿Por qué? Porque los verbos (vamos, mire, veamos) indican, primero, propósito o intención:

Nos proponemos (o pensamos) ir al cine.

Propóngase (o piense) ver quién es el dueño.

Propongámonos (o pensemos) ver qué podemos comprar.

Si queremos evitar el pleonasmo innecesario y vicioso, debemos recurrir al diccionario para conocer el significado preciso del vocablo en riesgo. Así, no se recomienda decir “colmar hasta el borde”, porque “colmar” significa: “llenar un recipiente hasta el borde”. Solamente así podemos evitar expresiones inadecuadas como “resumir brevemente”, “recordar de memoria”, “erario público”, “concejo municipal”. Un hombre, sea por caso, vive en su “medio” porque significa ‘conjunto de circunstancias culturales, económicas y sociales en que vive una persona’. Y un pez, también, vive en su “medio” porque significa ‘conjunto de circunstancias o condiciones exteriores a un ser vivo que influyen en su desarrollo y en sus actividades’. Pero para este segundo sentido, recomienda el DPD, se usa más frecuentemente la locución “medio ambiente” o la grafía simple “medioambiente”. Recordemos con Pessoa, el gran poeta de la lengua portuguesa, “paladear la palabra, jugar con ella y navegar por sus cauces interiores”.

* Lingüista y escritor.

rmatuslazo@cablenet.com.ni