Jorge Eduardo Arellano
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El abuso conyugal se ha asociado a una amplia variedad de problemas serios que afectan a las mujeres y a la niñez, incluyendo lesiones causadas por politraumatismo, peso bajo al nacer, trastornos ginecológicos, depresión, suicidio, embarazo no deseado, aborto en condiciones inseguras, enfermedades de transmisión sexual, incluyendo al VIH/Sida.

La violencia domestica o intrafamiliar, que en la mayoría de los casos se traduce en violencia de género, es uno de los problemas más dolorosos y complejos con los que la sociedad nicaragüense ha existido y que afecta no sólo a las mujeres que son objeto de violencia, sino que daña a sus hijos e hijas, a toda la familia.

En 1996, la Asamblea Mundial de la OMS declaró a la violencia como una “prioridad de salud pública” en todos los países miembros, e iniciar actividades para la prevención de la violencia y para atender sus efectos en la salud.

Sin embargo, en Nicaragua la violencia contra la mujer no es vista como un problema de salud pública, a pesar de que el Minsa ya cuenta con un protocolo de atención, el que aún no se plica en todas las unidades de salud. En realidad es vista como un problema doméstico, cotidiano y común en los hogares donde vive “chico perico mató a su mujer…”.

La violencia oculta entre cuatro paredes
Según la OMS, la violencia es el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesión, muerte, daño psicológico, trastornos del desarrollo o privaciones.

La carga de violencia doméstica ha permanecido oculta durante años y este escenario por salud no debe continuar. Sin embargo, la situación está cambiando a raíz de que han crecido los datos epidemiológicos que visibilizan la violencia intrafamiliar y sexual y el efecto devastador de ésta en la salud de las mujeres.

La violencia en cifras
En la investigación “No más vidas truncadas”, los principales hallazgos fueron que de 33 casos documentados hubo: 26 violaciones, 2 intentos de violación, 2 estupros, 2 acosos sexuales y un abuso deshonesto.

En 7 de los casos resultó un hijo o hija producto de la violación. Dos niñas de 12 años y 5 adolescentes entre 13 y 16 años. La edad de las niñas y adolescentes oscila entre los 3 y 18 años. Con excepción de uno de los delitos, el resto fue cometido por personas conocidas. Seis de las sobrevivientes son del área rural (Matagalpa y Estelí) y 27 del área urbana.

La expresión más cruel de la violencia es el homicidio. El monitoreo de los medios de comunicación demuestra un sustancial aumento de femicidios, que se han incrementado de 29 en el año 2000 a 65 en 2007. Y en el primer semestre de 2008 se han reportado 32 mujeres asesinadas, lo que expresa el impacto en la vida de las mujeres, de sus hijos e hijas, y de la sociedad en general. ¡No más impunidad!
*Responsable-Monitoreo y Calidad.

Programa Sectorial de Prevención y Atención del Cáncer Cérvico Uterino- Centro de Mujeres Ixchen.