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Recientemente algunos sectores de la sociedad han criticado la calidad de la educación en aquellas universidades que reciben parte del 6% del Presupuesto de la República. En mi opinión, la educación universitaria, guiada por rigurosos estándares académicos, debería formar a profesionales que no sólo puedan competir a nivel nacional, sino que también transciendan las fronteras nacionales.

El futuro y progreso de cualquier nación reside en el prestigio, creatividad, investigación, productividad, extensión y globalización de sus universidades. La historia demuestra que el provincialismo y el ultra nacionalismo han quedado atrás. La universidad ya no puede ser una isla. Los criterios de acreditación internacional no pueden seguirse ignorando. Desafortunadamente, este es el caso en algunos países subdesarrollados.

Recuerdo lo expresado por un prestigioso profesor y asesor, Ph. D. en Economía, de la Universidad Pontificia de Chile: “América Latina no tiene que inventar la rueda, lo único que podemos hacer es copiarnos de lo que ya se hizo y se hace en las grandes universidades del mundo”.

Todo docente universitario debe tener tanto conocimientos actualizados de su especialidad, como conocimientos psicopedagógicos para ejercer una docencia efectiva. Podemos encontrar muchas luces sobre el tema en la red mundial, o bien se pueden leer obrasy artículos escritos por el escritor-educador Carlos Tünnermann Bernheim sobre la educación superior.

El modelo educativo centrado en el estudiante y basado en el currículo por competencias es el que debe regir en nuestras universidades. Estas instituciones deben buscar las estrategias para mejorar permanentemente los conocimientos y las capacidades de los docentes y educandos. Me parece que el profesor o profesora que no cuenta con un sílabo relevante, criterios de evaluación de competencias adquiridas y dominio de las TICs, tiene una gran desventaja en la formación e inspiración que puedan obtener sus estudiantes.

Para que nuestros discípulos sean emprendedores e innovadores, los docentes tienen que compartir sus experiencias, así como su aplicación en el mundo real, y ayudar a los educandos a desarrollar sus potencialidades. En la actualidad, el rol del maestro universitario consiste en facilitar competencias genéricas y específicas.

El maestro creativo debe contar con destrezas para evaluar el desempeño de los estudiantes en la aplicación de estrategias, conocimientos, habilidades y valores en la resolución de casos o problemas. Independientemente de la brecha tecnológica y científica con respecto a los países desarrollados, el docente consciente de sus responsabilidades facilitará en gran medida el aprendizaje utilizando las herramientas y procedimientos técnico-pedagógicos para el desarrollo de competencias congruentes con un diseño curricular actualizado.

Los maestros deberán aceptar nuevos retos y familiarizarse con las TICs y Web 2.0. Esto significa ser partes de la actual revolución mundial en las redes sociales y crear sus cuentas en Google, Youtube, Slideshare, Linkedin, Twitter, Voicethread, etc., con el fin de aprovechar los enormes recursos —videos, podcasts, webinars, etc. de las mejores universidades y del mundo corporativo— en cuanto a temas de carácter educativo, profesional y comercial disponibles en la Web.

No omito mencionar la importancia que tiene el idioma inglés para acceder a dichas herramientas, y que los estudiantes egresen como profesionales competitivos.

Si este artículo no difiere de la forma de pensar de autoridades y maestros, quizás la crítica a las universidades no sea válida. De lo contrario, la comunidad universitaria de cada institución ahora tiene elementos para reflexionar.

* Profesor, escritor y traductor

Rolando2@fulbrightmail.org