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En este continente aún llamado América, pese a que Estados Unidos se apropió del nombre, hay dos países con sistemas políticos contradictorios, aunque uno se autoproclama de “izquierda revolucionaria” y el otro es identificado como de izquierda democrática. Hablo de Nicaragua y Uruguay. En las historias personales de sus respectivos gobernantes hay algunos paralelos, aunque el de Nicaragua ejerce el poder como si lo hiciera… para lelos, pues se nos impuso con otro fraude, siempre “Dos mediante”.

Nicaragua baña su pequeñez (148,000 km²) en aguas de dos grandes océanos, Pacífico y Atlántico (versión Caribe). Uruguay agiganta su pequeñez (177,500 km²) entre dos grandes naciones, Brasil y Argentina. Nicaragua ocupa el centro “en la pastoril garganta de América”. Uruguay está como colgado del continente, y el océano Atlántico pareciera impedirle su caída sobre el Polo Sur.

Con el tamaño y el hecho de ser perpetuos inquilinos de América, terminan los paralelos. Uruguay tiene un poco más de tres millones de habitantes, y a Nicaragua lo pueblan más de cinco millones. Quedan los paralelos entre sus dos gobernantes y, sobre todo, las diferencias en el estilo de ejercer el poder.

José Mujica, guerrillero-fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, estuvo en la cárcel durante 14 años. Daniel Ortega, no fue fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, fue medio guerrillero, y estuvo en la cárcel durante siete años.

Mujica, al ser elegido, convocó a la oposición a ocupar cargos en el gobierno. Ortega pactó con Arnoldo Alemán para repartirse los cargos en el gobierno, desde antes de ser elegido (2007).

Mujica no usa tarjetas de crédito y no tiene cuentas bancarias. Su salario oficial es de 12,500 dólares, pero solo recibe 1,250 dólares, el resto lo dona a la “Fundación Raúl Sendic”; su razonamiento es: “Me tienen que alcanzar para vivir, porque otros uruguayos viven con menos”. Ortega se asigna una cantidad menor de dólares, pero a su Presidencia le asigna una millonada de córdobas; de tarjetas, cuentas bancarias y de bancos no da cuentas; y de Carlos Fonseca, solo se acuerda en los aniversarios.

Mujica vive en la chacra (finca pequeña) de su esposa, y su única propiedad es un carrito Volkswagen azul, dato comprobado por la Junta de Transparencia y Ética Pública. Ortega viaja en Mercedes Benz, vive en casa comprada a la brava, le mintió a la Contraloría General sobre su patrimonio; además de que sus propiedades y negocios no son conocidos oficialmente, y ha desautorizado a la Contraloría para decir algo al respecto.

Mujica tiene una esposa senadora de la República por elección popular y sus gestiones las limita a su cargo; también dona parte de su salario. Ortega tiene una esposa con cargo público prohíbido por la Constitución, y ejerce la Presidencia al 50% sin derecho constitucional; y no dona nada de lo que ostenta.

Mujica se niega a vivir en otro lugar que no sea la chacra, aunque se lo piden por cuestión de seguridad, porque rechaza que un séquito de policías lo ande “persiguiendo” día y noche. Ortega no se mueve de su casa si no es en medio de una caravana de policías y agentes de civil.

Mujica cuida directamente los cultivos de la chacra donde vive. Ortega cuida su casa y sus alrededores con policías y agentes civiles; y al lugar que va le cubren la tarima con más flores que un altar religioso.

Mujica una vez llegó solo a una ferretería a comprar una tapa para el inodoro de su casa, y unos chavalos le invitaron a su club de fútbol; fue y les ofreció una charla, orientándolos a participar en el torneo de la segunda división profesional. Ortega nunca se ha visto solo, y cuando un periodista se le acercó, terminó en el suelo “enllavado” y golpeado por agentes de su “seguridad”.

Mujica no ha puesto rótulos en calles ni carreteras con su imagen. Ortega tiene inundadas calles y carreteras con su imagen, mostrando sonrisas que en la realidad nadie se las ha visto.

Mujica por sus hábitos y conductas en el ejercicio del poder, solo se muestra como el Presidente de todos los uruguayos. Ortega se auto proclama “Pueblo Presidente”, sin ruborizarse.

Quedan otras diferencias. Por ejemplo, Mujica lleva dos años en el gobierno y aún no habla de reelección. Ortega lleva más de 30 años en el poder… ¡y no para de pensar en reelegirse!

Finalmente, una ociosa pregunta: ¿quién es demócrata y quién es dictador?

* Escritor y periodista