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En un artículo de opinión, publicado en la edición de El Nuevo Diario del 9 de junio, el señor Manuel Aragón Buitrago acusa a Darío de traicionar a Rafael Zaldívar.

Darío cuenta 15 años cuando el presidente Zaldívar, de El Salvador, obsequia 500 pesos de plata al Poeta Niño. Darío comenta: no siendo yo juez de la historia, a este hombre que ha sido mi benefactor, no debo sino alabanzas y agradecimientos, aunque algunos adversarios suyos lo consideren tiránico.

Habría que advertir a Aragón que cuando se ayuda a un artista incipiente de la talla excepcional de Darío, no se compra fidelidad personal alguna. Más que generosidad privada, dicha ayuda es una inversión cultural de la nación para promover el desarrollo de personas de gran talento, que no deben verse limitadas por dificultades económicas. Por ello, se otorgan becas en los países que avanzan a la modernidad.

Zaldívar fue depuesto por el general Francisco Menéndez, que fue depuesto, a su vez, por el general Carlos Ezeta (acontecimiento que obligó a Darío a salir hacia Guatemala y, luego, como diría él mismo, a seguir el rumbo del viento, como los gitanos); derrocado a su vez, también, este último general, como era costumbre en estas pequeñas repúblicas que aún no se consolidaban como nación.

Darío expresa tajantemente que no tiene ni partidarismo ni opinión política sobre las vicisitudes insignificantes de la política criolla. Este señor Aragón no le pide a Darío fidelidad programática o ideológica, sino, fidelidad personal, que él –con cierta indecencia- considera es parte esencial de la gratitud.

Cualquiera, con mayor ponderación, resaltaría, más bien, el decoro de Darío, ya que pese a la ayuda que merece, y que escasamente recibe, se conserva independiente de las trifulcas políticas de los presidentes de entonces.

Menéndez nombra a Darío director del diario La Unión, órgano creado para difundir los principios integracionistas de Centroamérica (ideales modernistas que Darío defiende brillantemente con su pluma). ¿Qué debió hacer el poeta conforme al código moral del señor Aragón? ¿Debió rechazar la dirección del diario (que le daría medios honestos de subsistencia), e irse con Zaldívar al exilio personal en Francia, por la ayuda antes recibida?

¿Vale la pena que Aragón explique qué tipo de fidelidad le merece Zaldívar? Dado que no hay afinidad política ni ideológica de parte de Darío con Zaldívar, deberá haber, por lo menos, admiración por sus méritos personales, ya que, obviamente, no hay amistad entre ambos. O, para Aragón, basta que el presidente haya aprobado una ayuda material, para que el extraordinario Poeta Niño le siga en su destierro.

Zaldívar, durante su gobierno expropió 281,294 hectáreas de las tierras de las comunidades indígenas por medio de las leyes de extinción de ejidos. Tierras que de inmediato vendió a tres pesos por manzana, fomentando así la desigualdad, y concentrando el principal medio de producción del país en las manos de pocas familias adineradas.

¿Qué significa, entonces, el título del artículo de Aragón: Darío traicionó al doctor Zaldívar?

¿Aragón debió explicar cómo traiciona Darío a Zaldívar, que se exilia en Francia, donde muere, odiado por los salvadoreños en 1903?

Salvo para Aragón, Zaldívar no era, en realidad, merecedor de lealtad alguna, sino de repudio por el crimen oligárquico de expropiar a la población indígena del derecho ancestral, prevalente desde la época colonial, sobre sus tierras comunales. Zaldívar es el autor de la acción social más reaccionaria de la historia de El Salvador en el siglo XIX.

Por el contrario, Darío califica a Menéndez de hombre probo y liberal. Esto hace que nuestro escritor autodidacta salte en cólera con ironía infeliz: “Pareciera que «el Príncipe de las Letras Castellanas» no dominaba en ese entonces muy bien el castellano”.

En El Salvador a Menéndez se le considera el padre del sistema educacional (por ello, el día de su muerte se celebra, en su honor, el día del maestro), y se le honra como padre de la Constitución más liberal de América Latina (que estuvo vigente por 53 años), y en su honor, además, se le ha dado su nombre al municipio de San Francisco Menéndez.

Para no traicionar el juramento que Aragón dice que ha hecho a Tolstoi, debería explicar por qué Menéndez no es un hombre probo, antes de mentir y menospreciar ridículamente los conocimientos que tiene Darío del léxico del idioma, en el momento que este, más bien, emprende la renovación métrica del castellano a la manera francesa, gracias al estudio, en esos años, de la versificación de Víctor Hugo.

* Ingeniero eléctrico