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El jueves 14 de junio se cumple el trigésimo aniversario del fin del conflicto de las Falklands. Esta semana estaré representando el Gobierno británico en el servicio conmemorativo que tendrá lugar en las Islas Falklands. Será un evento muy conmovedor y significativo. Es una oportunidad para celebrar la liberación de las Falklands y el éxito de las Fuerzas Armadas británicas. También es una oportunidad para reflexiones sombrías, por las vidas que se perdieron en ambos lados del conflicto.

Esta semana recordaremos a los 255 miembros de nuestros servicios armados que hicieron el último sacrificio por un principio democrático que permanece tan importante, hoy día, como lo era entonces: que el pueblo de las Islas Falkland tiene el derecho de decidir quién los gobierna.

Durante mis dos años como Ministro de la Cancillería británica he sostenido reuniones oficiales en muchos países latinoamericanos, las más recientes en marzo cuando visité Chile, Perú y Colombia. Les he estado recordando a los cancilleres con quienes me encuentro que los isleños de las Falkland quieren seguir siendo británicos, que se les permita vivir en paz con sus vecinos y desarrollar sus propios medios de vida económicos sin interferencia externa. Y que el Gobierno británico está comprometido a seguir a su lado y defender con firmeza sus derechos soberanos como compañeros ciudadanos británicos. Pondré este punto en claro nuevamente cuando esté en las Islas Falkland esta semana.

Y todavía, treinta años después del conflicto, el pueblo de las Islas Falkland está siendo forzado a defenderse nuevamente. En años recientes hemos visto un preocupante patrón de conducta del actual Gobierno argentino, el cual está dirigido a estrangular la economía de las Islas Falklands y sembrar dudas sobre el derecho soberano de los isleños a seguir siendo británicos. Esta política de coerción e intimidación, que ni los isleños de las Falkland ni el Gobierno británico han buscado nunca provocar, es un alejamiento no bienvenido de la política de compromiso y cooperación que vimos de anteriores gobiernos argentinos durante las dos últimas décadas.

También va contra el espíritu de colaboración internacional y cooperación económica que el Gobierno británico busca promocionar activamente, no sólo con países latinoamericanos sino en todo el mundo, a fin de incrementar las oportunidades comerciales, crear prosperidad e impulsar el empleo.

Es importante que el Gobierno argentino tenga clara la posición del Gobierno británico: no vamos a permitir que los isleños de las Falkland sean amenazados ni que sus puntos de vista expresados libre y democráticamente sean ignorados en la comunidad internacional. Con ese propósito hemos estado trabajando muy de cerca con el Gobierno de las Islas Falkland.

Por último, se trata del pueblo de las Islas Falkland, algunas de cuyas familias han vivido ahí por nueve generaciones. Estamos apoyando sus esfuerzos para explicar por qué desean continuar siendo libres para decidir su propio futuro.

En los últimos meses, representantes políticos de las islas han hablado elocuente y persuasivamente a los medios del mundo. Han explicado cómo la política de agresión económica del Gobierno argentino muestra una clara indiferencia por el principio de resolver las disputas pacíficamente, y cómo ha hecho pedazos acuerdos previos para trabajar junto a los isleños en la exploración petrolera, administración pesquera y la mejora de los vínculos de transporte.

Durante este período los isleños se han comportado con gracia, dignidad y arte de gobernar al mostrar al mundo que son una comunidad trabajadora y fuerte que mira al futuro. Lo único que quieren estas personas es que se las deje en paz para continuar con sus vidas.

Yo tenía sólo 12 años cuando el conflicto de las Falkland terminó. Y recuerdo ver vívidamente las imágenes en la televisión. Treinta años es mucho tiempo, pero para las personas en el Reino Unido esas imágenes continuarán siendo claramente poderosas. Y las razones por las que se peleó y ganó la guerra siguen siendo claras hoy también. Los principios de libertad y autodeterminación permanecen tan vitales, ahora como entonces.

Este aniversario nos da una oportunidad de conmemorar tanto el sacrificio del pasado como nuestros valores perdurables hacia el futuro.

* Ministro de Estado, Ministerio Británico de Relaciones Exteriores