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Hablar de educación siempre es complejo y apasionante, pues a cualquier nivel que nos refiramos, desde preescolar hasta universitario, encontraremos aspectos polémicos, sean referidos a calidad, cobertura, financiamiento, integración, políticas, etc. No obstante, hay un consenso sobre el valor y la importancia de la educación para sacar adelante a la nación del estado de pobreza en que se encuentra.

En estas semanas varias fuentes, desde internacionales como el FMI hasta individuales, se han referido al tema de las universidades públicas y se ha debatido sobre su naturaleza y la forma como deberían estudiarse; otros se han referido al costo-beneficio, otros al bienestar que producen, otros a las necesidades de técnicos y profesionales que demanda el desarrollo tecnológico y productivo; otros a la necesidad de una verdadera autonomía al margen de brazos partidarios determinados, y otros han sugerido reestructuraciones como la fusión de universidades públicas y la reducción de sus niveles de burocracia en beneficio de la actividad científica.

Aunque algunos aportes puedan considerarse extremos, todo lo dicho enriquece profundamente el debate y bajo un análisis constructivo aportan excelentes insumos en la búsqueda de la transformación más pertinente, pues la transformación de la universidad pública es una necesidad urgente.

Pero, ¿cómo hacer esa transformación que pudiera parecer imposible? No es secreto que actores externos e internos a las universidades piensan que esa transformación es tan distante como imposible, negando muchas fortalezas que son en esencia la oportunidad de su transformación.

Las universidades públicas fundamentan su labor en tres funciones centrales: enseñanza, investigación y extensión (proyección social). El asunto de fondo es asegurar un funcionamiento en el trabajo académico que asegure plena integración e interdependencia entre las tres funciones centrales, teniendo como referencia de trabajo las políticas nacionales de educación (incluye educación técnica), los planes de desarrollo productivo, la formación de sus estudiantes, las demandadas de ciencia, tecnología e innovación del sector productivo y las necesidades de la cultura; todo en un contexto nacional y global. La interdependencia entre las tres funciones universitarias debe ser sistémica y de doble vía

Las universidades públicas están contribuyendo al desarrollo nacional, pero esto no parece muy evidente; de hecho deberían contribuir mucho más, ese es el reto. La autocomplacencia debe transformarse en auto-exigencia para ser mejores en el aporte a la nación.

Hay numerosos testimonios de la contribución nacional; por ejemplo se reconoce oficialmente que el 95 % de la investigación que se genera en Nicaragua es realizada por las universidades públicas. Las universidades albergan excelentes centros de investigación en aspectos de agua, geología, biotecnología, historia, salud, control biológico de plagas, etc., siendo en muchos casos centros de referencia internacional.

Todo esto conlleva la existencia de personal calificado, infraestructura de laboratorios y equipos, bibliotecas, etc., que en un contexto de trabajo de mayor integración con la industria y la producción dejaría mayores dividendos de progreso para todos.

Ni la reducción presupuestaria ni la reducción de estudiantes ni la fusión de universidades ni los diagnósticos ni los decretos ni el profesar sentimientos apolíticos cambiarían la realidad de las universidades públicas de hoy. Hay dos necesidades centrales para la transformación: a lo interno asegurar la interdependencia de la enseñanza, la investigación y extensión, y a lo externo asegurar un verdadero alineamiento de trabajo y colaboración entre los diferentes actores nacionales (gobierno, cooperación y sectores).

Esto último será invaluable e indispensable para dar mejor dirección, fortaleza, legitimidad y pertinencia al trabajo integral de la universidad. No significa poner la universidad al servicio del Gobierno o de la empresa, significa construir con el Gobierno las agencias y los sectores productivos y sociales mayor bienestar para todos con justicia, ética y equidad.

La transformación de la universidad implica diversos costos y es imprescindible que los actores internos y externos a ella hagamos honor a nuestro compromiso con Nicaragua.

* Profesor universitario