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La pérdida de valores y su engendro, la politiquería, han producido a lo largo de la historia republicana la situación de pobreza y subdesarrollo que vemos hoy día.

Una explicación de las causas más profundas ha sido el comportamiento tradicional de los actores políticos, la lucha por el poder a cambio del sometimiento a la política imperial.

A propósito de los waiver, es un pecado mortal que los sigamos magnificando, y no importa que estos sean de donde sean. La realidad es que esperar waiver externos significa estar sometidos en detrimento de nuestra independencia económica y política, es una situación de difunto a la espera de un entierro, una castración de la soberanía y una clara evidencia de injerencismo e intervencionismo.

Los nicaragüenses no hemos superado la influencia imperial del Norte, vivimos con el retrovisor mirando el pasado, esperando que la mano del coloso nos castigue por mal comportamiento, como si fuera de nuestra propia casa.

Nicaragua es soberana y debiéramos luchar por ella, con el baluarte y el corazón que ofrendó Sandino y su pequeño ejército; sigamos ese ejemplo. Solo nosotros somos dueños de nuestro propio destino, busquemos las soluciones y el consenso. Los trapos sucios se lavan en casa.

Ha sido frecuente en los últimos días oír y ver en los diferentes medios de comunicación a economistas y analistas políticos, representantes de los partidos políticos y los que dicen han sido asesores o embajadores de gobierno. Parece, por un lado, que nos enorgullecemos al salir al aire dando simples opiniones sobre el tema o ser parte de un debate orientado por intereses mezquinos; y por otro lado, aflora la alta disposición de los medios de comunicación por magnificar una actitud de un país vecino en consonancia con la de quienes manejan la politiquería interna.

Razones hay de preocuparse, la falta de waiver traerá consecuencias negativas para la economía nicaragüense, pero no hay suficiente razón para arrodillarnos y clamar dispensa. Si el coloso del Norte decide su política, es dueño y señor de hacerlo en su carácter soberano. Así también nosotros deberíamos tener presentes los valores y principios para superar unidos los embates injerencistas.

Tenemos que madurar como país y ponernos de acuerdo, manejar el consenso y luchar juntos para lograr bienestar y prosperidad en igualdad de oportunidades. La politiquería debería ser cosa del pasado, no produce nada y solo engendra discordia. Hay que superar el tradicionalismo político.

Llegar a la sinrazón, atrapados en nuestros propios paradigmas, no nos favorece; tenemos que apelar al espíritu de consenso y unidad nacional. Esa deberá ser nuestra fortaleza. Clamar por los waiver desde un lado de la calle desvaloriza el carácter moral de la nación; en todo caso debemos cerrar un solo puño.

En ningún país que ha logrado superar las mínimas limitaciones institucionales y políticas se ha observado el complaciente espacio que seguimos brindando, por ejemplo, a la diplomacia extranjera.

Al extremo que durante las propagandas eleccionarias del año pasado fueron variadas las formas de intervencionismos en el juego político interno. Esto es improcedente e inaceptable en cualquier parte del mundo civilizado y de los países que gozan de cierto nivel de institucionalidad y democracia.

Ningún país tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de otro, hacerlo lo expone a cualquier medida de justicia soberana. Y ser soberano no es una palabra de bajo peso, significa el derecho de un pueblo a poner en marcha sus métodos de reproducción y desarrollo sin afectar a terceros.

Por eso los gobiernos deben ser cautos en demarcar apropiadamente los espacios de participación de la diplomacia extranjera para así salvaguardar la independencia y soberanía nacional, asumir las tareas del desarrollo y trabajar con la ciudadanía en la solución de la pobreza, el hambre, el deterioro ambiental y el uso irracional de los recursos naturales.

Nosotros, los nicaragüenses somos los verdaderos waiver. Si estamos unidos nos respetarán siempre, sin importar la magnitud del poder que esté enfrente.

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