•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

“… Y a su santísima esposa”. Les prometo que le oí decir esa frase a una mujer de Chinandega, beneficiada por una de las obras sociales del Gobierno, en los micrófonos del Canal 4. Fue hace unos días, y pudo ser un lapsus o una confusión evidente, o también una ilusión auditiva mía ya que me encontraba en duermevela. Pero aquello me despertó del todo. Si realmente lo dijo así, no fue su error ni su culpa.

Cuando paso algunas noches en Managua, me quedo dormido viendo los noticieros, incluidos los de dicho canal del Gobierno. En él me entero de las numerosas obras sociales y de caridad que se llevan a cabo por parte de las autoridades. Nadie duda de que mucha gente participa en ellas y mucha que se beneficia. Pero la exagerada propaganda que se emite disfrazada de noticia es algo sospechosa. En la edición nocturna de Multinoticias, el formato se repite sin tregua. Una periodista anuncia la pieza siempre del mismo modo: “Por orientación del comandante (compañero, presidente) Daniel Ortega, y la compañera Rosario Murillo se hizo entrega de un bono solidario a la población de tal comunidad…”. A veces se trata de casas o títulos de propiedad; otras, láminas de zinc, útiles escolares, bonos productivos, etc. Pero siempre la noticia va con el mismo encabezamiento para que quede claro que no hay “una hoja que se mueva” sin la orientación del Presidente y su esposa.

Por supuesto, no se emite ninguna declaración que suponga crítica o cuestionamiento a la labor del Gobierno. Tampoco se realiza nunca el seguimiento de esas obras sociales, ni se profundiza en los efectos posteriores ni en la eficacia o no de tales obras sobre la comunidad. Además, la noticia no puede acabar sin que varias personas, usualmente mujeres y niños, pasen por delante del micrófono para que agradezcan. Algunos lo harán espontáneamente, pero otros, es evidente que lo hacen a petición expresa del periodista. “Agradezca pues”. Y la gente responde, porque realmente está agradecida. Y el formato también resulta el mismo siempre, con muy pocas variaciones: “Agradezco a mi Dios, en primer lugar, al comandante que siempre se acuerda de los más pobres, y a la compañera Rosario”.

Ello demuestra que la estrategia de comunicación política, religiosa y social del gobierno, si es que la hay, ha calado hondo. En cualquier caso, estaba fácil. En Nicaragua, Dios está al principio de cualquier palabra, discurso o manifestación de todo tipo. No es un fenómeno nica tan sólo. Pero en Nicaragua, el nombre de Dios se dice constantemente, se dice hasta a gritos. Uno prende la radio y es raro no encontrarse con un pastor o cura predicando. Camina por la calle, y es raro que en cualquier esquina no estén alabando a Dios a altos decibelios. Incluso los periodistas predican. En las monografías, en los saludos, y en los deseos. Y ya se ha convertido en una forma de quedar bien. Dice Andrés Pérez Baltodano que no hay nada más urgente que cambiar la idea providencialista de Dios. Yo creo, en cambio, que lo que urge es algo más de silencio sobre Dios, hablar menos de Él, quizá porque sólo en el silencio se puede profundizar aquello que es mucho más profundo que una palabra. Pero eso es una consideración muy personal.

En Nicaragua, Dios se menciona hasta cuando no se está hablando de Él. Lo peligroso es que los gobernantes comiencen a hablar tanto del nombre de Dios. Lo hacía Bolaños al iniciar cada discurso, ¿se acuerdan? “En nombre de Dios y de Nicaragua”, decía. Hay quien no ve nada malo en ello, teniendo en cuenta de que se dirigía a un pueblo mayoritariamente creyente y que vive su religión manifestándola externamente sin ningún tipo de cortapisas. No hace mucho me acordé de que era el día de María Auxiliadora gracias a que me lo recordó Rosario Murillo en su alocución radiofónica vespertina a la nación.

Sí. Quizá no haya nada malo en todo ello. Pero que los gobernantes de un país hablen de los santorales del día, o que pongan a la gente a agradecer los bienes recibidos en los canales de televisión a Dios, al presidente y a su esposa, sobrepasa lo razonable.

A lo mejor, digo, todo no fue más que un sueño, o algo que se le parecía. Pero me despertó del todo.

sanchomas@gmail.com