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Las palabras -como nos recuerda Félix Restrepo en su libro Diseño de semántica general- sirven para representar las cosas y para expresar las ideas y sentimientos. Pero como las cosas no siempre permanecen estables y las ideas y sentimientos experimentan variación en sus matices y por tanto movimientos de sentido, las palabras que los designan tienen que reflejar estos cambios semánticos.

Hay palabras que, con el tiempo, pierden su contenido semántico, particularmente las referidas a los usos y costumbres de los antepasados. Las palabras cambian y algunas mueren con las épocas, cuando desaparece la práctica social a la que hace referencia o deja de usarse el objeto que nombra. En la década del sesenta y parte del setenta, se usó el término parquímetro para designar el aparato en el que se introducía una moneda para pagar el tiempo de estacionamiento de un vehículo. Hoy, la voz solamente quedó como una vaga referencia, porque el objeto desapareció.

En algunas zonas rurales de Chontales, por ejemplo, la expresión “hacer legua” hacía referencia al acto de detenerse en el camino después de haber recorrido un buen trecho estimado en una lengua, para tomarse un trago de licor que generalmente se cargaba en las alforjas, conversar un rato y luego proseguir la marcha. Ahora, con las carreteras de penetración se han acortado las distancias y la vieja costumbre de hacer legua ha entrado en franca agonía.

El olvido de muchos juegos ha hecho también olvidar las palabras y expresiones como cuartel, ladrillete, pañía, acota, taba, el coco, arriba la pelota, picar mancha. Y del juego de trompo, sólo ha quedado en el uso del pueblo la expresión “al miado y al bote”.

Si una palabra aparece con mucha frecuencia junto a otra, se produce un contacto contextual que funciona como un “contagio” de significado, de tal manera que una de ellas termina adoptando como propio el significado de la otra. Hace algunos años, a los teléfonos públicos se les hacía funcionar introduciendo una moneda de un “chelín”. El pueblo decía: “Allí, en la esquina, hay un teléfono chelinero. Con el tiempo, el término “chelinero” asumió el significado de “teléfono público”. Lo mismo ocurrió con los billetes devaluados o los de baja denominación que en los años ochenta el pueblo los llamó “billetes chancheros”, hasta quedar con el uso entre nosotros el término “chanchero”.

Otra causa que produce cambio en el significado de una palabra está determinada por las diferentes etapas de la historia de uso de esa palabra. Por ejemplo, hace más de un siglo –entre 1845 y 1850- se empleó las palabras “timbuco” y “calandraca” como apodo dado a las fuerzas políticas que más tarde pasaron a denominarse, respectivamente, liberales y conservadores. Jorge Eduardo Arellano, el más acucioso investigador de nuestra historia, escribió precisamente en 1982 una novela- Timbucos y calandracas- que recrea a través de la ficción ese escenario vivido por la historia de Nicaragua: las luchas intestinas entre liberales y conservadores Hoy son usuales los adjetivos timbuco y calandraca, cuyos significados nada tienen que ver con aquella lejana época: timbuco se dice de una persona de vientre abultado y calandra de quien es débil o enclenque.

Las palabras pueden ver restringido su empleo por un grupo social o ampliado a otros grupos, con lo que cambia su significado. “Chachagua” -nos dice Alfonso Valle en su Diccionario del habla nicaragüense (1ª. ed., 1948)- significa “gemelos, mellizos”. También “dos objetos del mismo tamaño, o iguales”. De ahí lo del nombre de “escopeta chachagua”, o escopeta de dos cañones, y “plátano chachagua” o plátano doble. Veamos cómo lo explica el licenciado Roberto Sánchez: “Terminada la Guerra Nacional, los Generales Tomás Martínez Guerrero y Máximo Jerez Tellería acordaron constituir el Gobierno Binario, llamado “chachagua”, único caso en que dos personas se desempeñaron como presidentes de Nicaragua”. (LP/03/03/03)Las personas que hablan su lengua viven en una sociedad determinada y están sometidos a muchas obligaciones y exigencias del grupo y a tendencias psicológicas individuales. Como afirma Coseriu en sus Lecciones de lingüística: “El lenguaje es, en primer lugar, un fenómeno social, dado que se produce en la sociedad y se determina, por lo menos en parte, socialmente...”

* Lingüista y escritor

rmatuslazo@cablenet.com.ni