Jorge Eduardo Arellano
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Ésta es la segunda ocasión que me atrevo a escribir públicamente; la primera fue para rebatir algunas ideas sobre Rigoberto López Pérez y su machacado heroísmo. Ahora lo hago para aclararme algunos puntos sobre las ideas del escritor, profesor universitario e intelectual, Carlos Midence, a propósito de su más reciente obra y partiendo de una entrevista publicada el sábado 16 de agosto en este mismo rotativo.

Debo aclarar que no soy un experto y ni siquiera un estudioso de los temas que este señor aborda en ambos espacios (libro: La Invención de Nicaragua y entrevista), sin embargo, soy un ciudadano-sociólogo que comprende algunos fenómenos tanto cotidianos, como en cierta medida académicos. Por tal razón me atrevo a cuestionar algunas premisas básicas como: el sí mismo como otro. ¿Acaso el señor Midence se puede meter en la piel de los otros sin abandonar la propia? ¿No es ello ya una impostación? ¿O considera Midence que es probable un desdoblamiento desde el cual manejar las visiones múltiples? ¿Es acaso esto el aleph borgiano aplicado a las lecturas de los otros? Estas serían algunas peguntas planteadas a Midence y de las cuales se pueden entresacar claves quizá de mucho avance o de simple ejercicio intelectual.

Desde mi punto de vista esto sería una posición intelectual que estudia a los otros como siempre lo ha hecho la ciencia occidental, desde Sócrates hasta la post modernidad, o bien desde los clásicos sociológicos, incluido Marx, quien bien sabemos se refería a América Latina (caso México) como degenerados.

Entonces caemos dentro de los mismos sentidos gnoseológicos aplicados desde sus inicios, en el cual se habla del otro, sin interrogar, sin pedir sus propuestas; así que habría que revisar desde el método hasta el tratado, como diría un autor conocido, para poder no entender a los otros, sino lograr que hablen, propongan o en su defecto maldigan.

La otra parte de la entrevista del señor Midence que me sorprendió es cuando se pliega de manera contundente al gobierno actual. Desde ahí hay un sesgamiento de marginalización, pues no hay imparcialidad en sus ideas y por desmarginalizar, marginaliza a otros y cae en círculos viciosamente torcidos, en los cuales la realidad se torna blanca o negra.

Es decir, no entiendo cómo un intelectual con la travesía que este señor ha adquirido, y sigue adquiriendo, puede apoyar a un gobierno que dice optar por la mayoría y cuando bien se sabe ésta es una retórica que se queda en los parlantes de cada acto público, es decir, un gobierno que dice hablar y hacer por lo otros, cuando en verdad hacen por ellos mismos. Ahí creo que entraría muy bien Ricoeur señor Midence.

En definitiva, los otros siempre han sido y van a ser una construcción y una de/construcción según los estime, valore o estudie cierto tipo de intelectual, o bien cierto grupo de los mismos.