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La última rebaja que la firma Moody’s hizo de la deuda pública de España ha metido en serios problemas a la Unión Europea, tanto así que algunos analistas y medios de comunicación más importantes del país ibérico ya están hablando de un plan de salvación, no de la banca española, sino del sistema económico de la nación entera.

Ello sugiere que la crisis es más grave de lo que parece. Sin entrar en detalles, la UE aún enfrenta la inestabilidad de Grecia que todavía no decide si continuará o no en la Eurozona.

Durante mi estadía en Bruselas, Bélgica, y en mis conversaciones con los diferentes funcionarios de las instituciones de la UE, pude advertir la preocupación que existe acerca del futuro de esta mancomunidad, sobre todo frente a otros competidores políticos y económico-comerciales. Todos están claros de los problemas que enfrentan, pero nadie quiere deshacer lo que tantos años les ha costado construir, porque ello sugeriría, más que un fracaso de la unión, la caída de un paradigma de convivencia entre las naciones.

Ante estas circunstancias y de cara a la próxima firma del Acuerdo de Asociación entre la UE y Centroamérica, las cosas no pintan bien; sin embargo, Europa siempre ha intentado ser un ejemplo para América Latina –y en particular para América Central-, de que se puede establecer una comunidad de países en la que el libre comercio, la democracia y la fortaleza de las instituciones prevalezcan sobre los intereses internos de cada nación y, principalmente, en beneficio de los ciudadanos.

Siempre hay retos y obstáculos que enfrentar. El Reino Unido es el único miembro de la UE que no pertenece a la Eurozona, es decir, que no utiliza el Euro como moneda única; más países han solicitado su ingreso a la UE, pero en este momento las principales naciones –Alemania y Francia-, están más interesados en fortalecer lo que tienen, en lugar de crecer, y por ello, sus esfuerzos y el de la UE, están avocados a “rescatar” a España y Grecia del colapso económico.

Sin descuidar a sus socios de otros continentes, Europa sigue firme y no existe, hasta el momento, ningún indicio de que el Acuerdo de Asociación con Centroamérica no se vaya a firmar, por el contrario, hasta mayo de este año los funcionarios de la UE en Bruselas mostraron un total optimismo de lograr la rúbrica durante el traspaso de la Presidencia Pro-Témpore del Sistema de Integración Centroamericana, SICA, de Honduras a Nicaragua, el próximo 29 de junio. Predecir si la UE caerá inexorablemente por el despeñadero es algo mucho más que aventurado. Pronosticar que continuará siendo fuerte y firme en el corto y mediano plazo sería pedir un milagro.

Con este panorama, ante la próxima firma del acuerdo de asociación y la posibilidad de que Centroamérica se enrumbe hacia un proceso de integración más completo, muchos líderes y quizás algunos millones de ciudadanos de esta región se estarán preguntando: ¿Valdrá la pena arriesgarse? Y la respuesta debería ser: Vale la pena intentarlo.

 

* El autor es periodista