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Desde que perdiera las elecciones en 1990 ante la Unión Nacional Opositora, UNO, con la figura de Violeta Barrios de Chamorro al frente, el FSLN, sin perder el control total retuvo los principales poderes del Estado, entre ellos el judicial, que le serviría durante todo su periodo como oposición.

Lograron mantener control absoluto sobre sectores importantes como los transportistas, estudiantes, sindicatos, que contribuyeron a desestabilizar el país en los gobiernos subsiguientes cada vez que querían presionar para ir recuperando más espacios de poder.

Los primeros cien días del gobierno UNO se vieron plagados de protestas, principalmente por integrantes del Frente Nacional de los Trabajadores, FNT, quienes realizaron barricadas por todo Managua demandando miles de propiedades y préstamos, convirtiéndose esto en las estrategias de negociación del derrocado partido rojinegro.

Por su parte, el doctor Arnoldo Alemán tuvo la misma receta en sus primeros 100 días de gobierno, tras una serie de protestas callejeras al mandar a la Asamblea la aprobación de unas leyes que implicaban reformas agrarias, fiscales y tributarias, sin ser consultadas con sectores sandinistas, quienes inevitablemente se fueron a las calles obligando al entonces mandatario a “dialogar”.

El ingeniero Enrique Bolaños recibió la nueva dirigencia del célebre Yasser Martínez al frente de UNEN, quien en el 2003 tomaría el liderazgo de tan representativo sector estudiantil, realizando una serie de protestas escalonadas por el famoso 6%.

No obstante, una característica que se presentó durante todos los gobiernos anteriores al retorno del sandinismo al poder fue que ninguno de ellos negó el reconocimiento de esa fuerza política dentro de nuestra sociedad, aún cuando estuvo reducida a su mínima expresión, principalmente durante el periodo del doctor Alemán.

Hoy día, el sandinismo orteguista gobierna con mayoría absoluta en la asamblea, controla todos los poderes del Estado y todas las instituciones del país con total arbitrariedad, asumiendo que eso significa que todo el país está de su lado e ignorando por completo que la oposición representada en el Partido Liberal Independiente constituye un importante sector del país.

El fraude de las elecciones de noviembre pasado donde el Consejo Supremo Electoral asignó de manera descarada el 63% de los votos al Frente Sandinista, indujo a que estos desconocieran a ciencia cierta cuánto es el porcentaje real de la población que les favorece.

Esto ha conllevado a que inevitablemente muchos sectores de la población salgan a las calles a protestar, habiendo agotado el recurso de la negociación, el cual no iba tener en ningún momento resultados positivos pues el oficialismo cree tener respaldo total de la población.

De igual forma, la comunidad internacional ha tomado sus medidas al retirarse una serie de cooperantes por no recibir ninguna respuesta del Gobierno ante las condiciones que demandan para poder hacer efectivo los recursos de sus países en Nicaragua.

Esta estrategia por parte del Frente Sandinista parece obedecer a una muy conocida teoría del conflicto en la que ceder algún espacio representa para ellos perder. Sin embargo, esta teoría también cuenta con una serie de elementos que parecen irse presentando, con los que la misma tiende a cumplirse, y es la escala del conflicto, donde los diversos sectores no reconocidos van aumentando los niveles de demandas hasta llegar a la punta de la pirámide.

Pareciera que al oficialismo le gusta manejar las situaciones al filo de la navaja, creyendo que al tener poder total el adversario tendrá que ceder o perder todo, se olvidan que también esto puede convertirse en un búmeran.

(“Los problemas que enfrentamos hoy no pueden ser resueltos con el mismo nivel de conciencia que teníamos cuando fueron creados”. Albert Einstein).