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A partir de hoy, 20 de junio, se reúne en Río de Janeiro la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, conocida como Río + 20, es decir, 20 años después de la anterior Conferencia, donde se aprobó “La Carta de la Tierra”. En este artículo, en ocasión de tan importante Conferencia, haremos un breve repaso de la evolución del concepto de desarrollo.

A mediados del siglo pasado, el ideal del progreso, propio del credo liberal decimonónico fue sustituido por el del desarrollo. A su vez, el ideal del desarrollo evolucionó al más amplio concepto de “desarrollo integral”, para incluir los aspectos sociales y cualitativos. Luego se fue matizando en términos de “desarrollo endógeno” y de “desarrollo con rostro humano”, hasta llegar al concepto de “desarrollo humano”, propuesto por Mahbub Ul Haq, que el PNUD utiliza en sus informes y que enfatiza la centralidad de la persona humana en todo proceso de desenvolvimiento, y el “desarrollo sostenible”, acuñado por el Informe Brundtland.

El Informe Brundtland define el desarrollo sostenible en los términos siguientes: “Un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin menoscabar las capacidades de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”.

De esta suerte, en la concepción del desarrollo están presentes tanto la dimensión humana como la preocupación ambiental, el respeto por el medio, la necesidad de lograr un equilibrio, una adecuada compatibilidad, entre el desarrollo y la preservación de la calidad de la vida y de los recursos naturales.

Los informes sobre el desarrollo humano del PNUD establecen que “el objetivo básico del desarrollo humano es ampliar las oportunidades de los individuos para hacer que el desarrollo sea más democrático y participativo. Una de ellas es el acceso al ingreso y al empleo, a la educación y a la salud, y a un entorno físico limpio y seguro.

A cada individuo debe dársele también la oportunidad de participar a fondo en las decisiones comunitarias y de disfrutar de la libertad humana, económica y política”.

El concepto de desarrollo sostenible se enriqueció con los resultados de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, junio de 1992). En efecto, los 27 principios incluidos en la “Carta de la Tierra” proclaman “el derecho de todos los seres humanos a una vida sostenible y productiva en armonía con la naturaleza”. Como observan los especialistas, el concepto de “vida sostenible” que se desprende del espíritu de la Carta, va más allá del desarrollo sostenible pues encierra la urgencia de alcanzar una armonía entre el hombre y la naturaleza. Ello demanda, en última instancia, un Nuevo Orden Ecológico Internacional, en virtud del cual los países que han alcanzado la riqueza den participación en los frutos de la misma a los que han sido objeto de la explotación irracional de sus recursos.

Otro elemento importante en el concepto de desarrollo sostenible es el cultural. El verdadero desarrollo tiene que partir del respeto y la promoción de la cultura. Si la cultura y el desarrollo no marchan en la misma dirección, ambos se condenan mutuamente al fracaso. En última instancia, es la cultura la que da firmeza al desarrollo y lo hace realmente duradero.

El desarrollo debe estar anclado en la cultura de cada pueblo y diferenciarse de acuerdo con las características de los diversos grupos étnicos y culturales. De ahí que el Informe de la Unesco sobre Cultura y Desarrollo diga que “un desarrollo sin cultura es un desarrollo sin alma”.

El desarrollo sostenible ha sido incluido entre los llamados “derechos humanos de tercera generación”. Se habla así del “derecho al desarrollo sostenible” como uno de los derechos humanos fundamentales del siglo XXI. Este derecho implica el derecho de todo ser humano y de todos los pueblos a una existencia digna en un medio ambiente sano, lo cual se resume en el derecho a la calidad de la vida y el bienestar.

El concepto de desarrollo sostenible o duradero deviene así en compendio de todos los derechos humanos fundamentales si se le asume como el derecho de cada persona de participar y contribuir a un desarrollo humano pleno que reconcilie a la persona consigo misma, con la sociedad, con su entorno y con las futuras generaciones.

* Educador y escritor