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Ni Mao Zedong ni Chiang Kai-shek podrían haberlo soñado hasta en la peor de sus pesadillas. Pero hoy ya no es tan difícil imaginarlo. En unos seis meses, el Banco de China, uno de los principales bancos estatales chinos, abrirá una sucursal en Taipei y manejará cuentas en yuanes de empresarios taiwaneses.

A dos años de haber firmado el histórico y sin precedentes acuerdo de comercio preferencial llamado ECFA (Economic Cooperation Framework Agreement, en inglés), Taiwán y China continental dan nuevos pasos para cumplir con el acuerdo.

Varias medidas han sido anunciadas en los últimos días. Una de ellas es la autorización de la apertura de sucursales bancarias de los bancos chinos: Banco de China y el Banco de Comunicaciones, de Shanghai, por las autoridades de supervisión financiera taiwanesas.

Las dos entidades podrán abrir cuentas de depósitos en yuanes –la moneda de la República Popular China, RPC--, conceder préstamos, transferir remesas, convertir divisas y prestar otros servicios a clientes corporativos.

Otro anuncio de impacto es el ofrecimiento de $119.7 mil millones en préstamos por el Gobierno de Pekín para que las empresas taiwanesas inviertan en China en los próximos cuatro años. La medida fue divulgada durante el Cuarto Foro del Estrecho, un foro bilateral anual celebrado en estos días en Xiamen, en la costa frente a la isla taiwanesa de Jinmen (Quemoy), por Wang Yi, director de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado.

Un tercer anuncio importante es que se permitirá a los maestros y académicos taiwaneses aplicar para puestos en las universidades del continente, y a los estudiantes taiwaneses egresados de universidades de la RPC aplicar a puestos en la administración pública. En el plano comercial, las fronteras chinas se abrirán a la importación de arroz de la isla.

El comercio bilateral alcanza ya los $160 mil millones, según fuentes chinas. La RPC y la región administrativa autónoma de Hong Kong son el destino de 43% de las exportaciones de Taiwán. Desde 1988, entre $100 mil y $250 mil millones han invertido las empresas isleñas en el continente, de acuerdo a algunos estudios, aunque nadie lo sabe a ciencia cierta. Dos millones de taiwaneses trabajan como empresarios, gerentes o supervisores en el territorio de la RPC.

A primera vista, Taiwán obtuvo más beneficios tras el 30 de junio de 2010, la fecha de la firma del ECFA. 539 productos obtuvieron un arancel cero en el mercado chino a lo inmediato, mientras que solo 237 productos chinos lograron ese beneficio. Se hizo excepciones importantes para la agricultura taiwanesa. Ahora ambas partes pasan a las etapas siguientes.

Taiwán es un país democrático y desde su negociación el acuerdo genera una enorme polémica y no poca oposición. Para el Partido Democrático Progresista, PDP, la principal fuerza opositora, el ECFA es una unificación encubierta con China, aumenta la dependencia económica de la isla y debilita su independencia, beneficia mayormente a las grandes empresas y no a las pequeñas ni a los ciudadanos comunes.

El expresidente taiwanés, Lee Teng-hui, un firme abogado de la independencia, advirtió de los peligros de que el desarrollo moderno de su país dependa tanto del otro lado. “Taiwán debe luchar contra la creciente brecha en riqueza (...) y contra una creciente dependencia económica de China, que pone en peligro la soberanía”, dijo Lee hace unos días.

Taiwán necesita del mercado chino para su sobrevivencia en la economía globalizada. Es un hecho. Si bien el presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, reafirmó tras su reelección que no habrá negociación política, reunificación, uso de la fuerza ni una proclamación de independencia, el hecho es que el liderazgo de Pekín nunca ha renunciado al gran objetivo de la incorporación de Taiwán. En vez de la fuerza y la amenaza militar de la época de Mao, el Partido Comunista Chino pasó a la consigna de “un país, dos sistemas” (aplicado a Hong Kong) con Deng Xiaoping, y con el liderazgo del presidente Hu Jintao, persigue el objetivo de “conquistar las mentes y los corazones” a largo plazo.

Cooperando en vez de enfrentarse, cada cual busca su premio gordo. Con una infinita paciencia china, ambas partes apuestan a lo suyo en un ambiguo y refinado juego.

* Analista graduado del programa International Master´s Program in Asia-Pacific Studies, Universidad Nacional Chengchi, Taipei