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No cabe duda que la parodia con que nuestro Gobierno pretende resolver el asunto de la reconciliación en Nicaragua es cada vez más cercana a un nuevo crimen y a renovados odios. Precisamente porque esta “reconciliación” no es cierta. A veces he llegado a creer que con tanta cuerda que le hemos soltado al presidente y su esposa es lógico que sientan un mando absoluto sobre nuestros asuntos de dolor, sangre y muerte.

El 13 de septiembre de 1983 se aprobó la Ley del Servicio Militar Patriótico (tampoco entonces se consultó) para enfrentar a la fuerza militar de la Contra, financiada por el gobierno del presidente estadounidense Ronald Reagan. Dicha agrupación se hacía llamar Resistencia Nicaragüense, conformada por exGN y por campesinos que de manera voluntaria se enrolaron en esa fuerza de ataque.

No se puede decir lo mismo del martirio que pagó la juventud nicaragüense reclutada en su mayoría de manera obligada para defender a la Revolución. El que no cumplía el SMP era denominado traidor. Recuerdo entonces los camiones IFA buscando a los chavalos que estaban próximos a cumplir los 18 años. Nunca se supo la cifra exacta de cuántos fueron los muertos.

Al general Ortega, al parecer, se le confundieron los números. Confío que un día su memoria selectiva arregle bien las cuentas y nos las diga.

Se volvió costumbre el dolor en las casas al recibir los cuerpos abatidos por las balas de los Contras. Eran años de llanto interminable entre las familias. Otros regresaron mutilados. Mi amigo Danilo perdió la vista en un combate al explotarle a pocos metros una mina antipersonal. Roberto regresó en un ataúd y a Julián todavía lo espera su madre, que recibió solo una caja repleta de trozos de madera.

Doña Juana, la madre de Julián, dice que a su hijo lo sacaron del cielo raso de su casa donde estaba escondido. Y así podría seguir enumerando historias de muchachos que murieron para que otros vivieran (¡y de qué manera viven!). Cabe señalar que también había muchos que se fueron con su gusto gritando la consigna “En la montaña enterraremos el corazón de enemigo”, convencidos de que combatir en la frontera era la manera de demostrar amor a la patria.

Los que regresaron, con el paso del tiempo han sido vistos como un problema en todos los gobiernos. Se olvidaron de ellos y este más. Hay mucho joven ahora que critica los reclamos de techo y tierra de estos hombres llamados en su momento “Cachorros de Sandino”. ¿Con qué derecho? Pregunto. Si la mayoría ni siquiera sabe hablar de otra cosa que no sea de la Liga Española.

Nuestro gobierno ha puesto de moda recrear a la actual generación con este tipo de eventos y cegarlos ante la verdadera historia de muerte y sangre que costó la libertad que ellos ahora gozan. Ya quisiera ver qué tan valientes serían si decretaran otra vez el SMP ¿Cuántos estarían dispuestos a enmontañarse y defender al gobierno?

La semana pasada la Asamblea Nacional creó de manera chabacana el Día de la Resistencia (la Contra). Sólo al que no le duelen los muertos que ha puesto este pueblo pudo haber oprimido ese botón de manera tan servil solamente por mantener el puestecito.

Reitero que tal hecho no es por la reconciliación sino por el reacomodo de los oportunistas. Si hacemos recuento de los “diputados del pueblo”, hay más anti-sandinistas históricos, contras, y diputados chichas que sandinistas. Si allí hubiera algún sandinista, jamás hubiera aceptado participar de semejante burla. Y para los combatientes históricos y los cachorros de Sandino, ¡Palo!

Un amigo teliqueño, entrado en muchos años, decía que comparar el gobierno del comandante Ortega con el de Somoza es desconocer aquellos años antes del 79. Somoza -me dijo- jamás dejaba olvidada a la gente que lo mantenía en el poder Jamás se le hubiera ocurrido a Tacho decretar un día para los sandinistas. ¡Jamás!. Tacho fue siempre leal a sus amigos. Nunca se amarró con los que lo adversaban. Estaba seguro que esos iban a ser sus enemigos siempre. No es correcto compararlos. Este gobierno no tiene par.

¿Será que él tenga razón?

* Escritora leonesa