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Tres artículos recientes sobre la universidad nica, de Erwin Silva (4 junio 2012), Eduardo Estrada (9 junio 2012) y Manuel Rojas (15 junio 2012), tienen el mérito de enfocar la cuestión del cambio tecnológico y el método científico, al tiempo que superan la confrontación de las “dos culturas” (humanismo-ciencia), y arraigan la vida del universitario en la práctica social. Sus planteamientos e inquietudes motivan esta propuesta.

Para mejorar lo que ya se está haciendo en las universidades y el CNU, y presentar la actividad universitaria de mejor modo a la sociedad, añadiría un tercer enfoque. Una red de institutos de especialidades, y centros de investigación que integran a la empresa, las asociaciones, ONG, incluidos programas de investigación y formación especializada de los aparatos del Estado. Esto sumado a la forma actual por facultades, departamentos, colegios (modelo británico), y manteniendo la división de pregrado y posgrado. Pero falta potenciar la intervención del asociacionismo y de las empresas en I+D (investigación y desarrollo).

Ya existen las bases de estos institutos de especialidades y centros interdisciplinarios en la universidad nicaragüense y en los aparatos del Estado. Tan sólo falta incrementar los institutos especializados, añadiendo un nivel de organización superior al complejo universitario; mientras los centros de investigación refuerzan conexiones ya existentes de la universidad con determinadas empresas, asociaciones y programas tecnológicos de los ministerios. De aquí se nutre la formación de pregrado.

Por otra parte, a la hora de asignar el presupuesto de gasto público se diferencia la financiación por criterios de políticas científicas, tecnológicas, desarrollo social y económico. Las asociaciones, empresas y universidades privadas participan de la inversión pública en Investigación y Desarrollo; así como participan en programas de becas, financiación de cátedras específicas y programas de prácticas e intercambios.

Dentro del entramado legal existente, una entidad de estándares de evaluación de la actividad universitaria, institutos y centros de investigación permite la dirección y orientación de la planificación y programación. Potenciar el CNU.

Nicaragua ya tuvo una entidad de primer orden, el Consejo Nacional de la Educación Superior dirigido por Joaquín Solís Piura. Uno de los aspectos positivos de aquella experiencia, omitiendo su función de planificación estatal y la situación coyuntural de las secretarías políticas, fue la orientación de toda la universidad en la formación del pensamiento teórico y del método científico. No se trataba de cursos sueltos de “costura” de técnicas y métodos de investigación sino de la totalidad de la planificación universitaria.

Pero el CNES chocó con los feudos del Inies, del Ciera, ACCS, etc., en el aspecto de la conexión de la investigación con la empresa, las asociaciones y aparatos del Estado, ya que estos, por condicionamientos político-ideológicos, impidieron la comunicación directa con la universidad.

Sin embargo, también es cierto que, a pesar de la gran capacidad de planificación, el CNES estaba muy retrasado en aspectos administrativos y pedagógicos de la programación. Quiero referirme en particular a las formas de programación curricular, que en las universidades de Estados Unidos y latinoamericanas ya tenía un gran desarrollo. Pongo de ejemplo el método de programación por “objetivos operacionales” (objetivos generales y específicos, actividades, recursos humanos y materiales, cronograma, evaluación, etc.), válido para administración universitaria y en pedagogía.

Aunque criticado por su matriz en la Administración de Empresas y en el Conductismo, por el reduccionismo de la pedagogía a las “conductas observables”, este método de programación en función de la evaluación fue el mejor resultado de aquella simbiosis pedagogía-conductismo-administración de empresas en la década de los 60, porque evalúa conductas medibles no intenciones ni generalidades ideológicas, tanto en la administración de planes como en la aplicación de programas, donde la evaluación es una función principal en el plan de desarrollo.

Menciono este aspecto porque la planificación universitaria para un empresario o para una asociación, no supera la declaración de intenciones si no existe una forma contrastada de medir resultados en un período determinado.

En cualquier caso, sin necesidad de cambiar el estatuto actual, una reforma del organigrama de estructura universitaria y del diagrama de funciones, puede sacar a la universidad nicaragüense del estado que denuncian varios profesores en estas páginas. Dejo pendiente la metodología del llamado “seminario de investigación alemán”.

* Profesor universitario

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