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“Europa saldrá fortalecida de esto. Siempre ha sido así en la historia de la integración europea: las crisis son un momento en el cual nos preguntamos cómo avanzar”: José Manuel Durão Barroso, Presidente de la Comisión Europea (Varsovia, 15 de diciembre de 2011). Y ciertamente, siempre ha sido así en la historia del más exitoso proceso de integración de carácter supranacional que se ha conocido hasta la fecha en la historia de la sociedad internacional contemporánea.

No se puede negar la magnitud y los alcances de la actual crisis económica que sufre la Zona del Euro de la Unión Europea, quizás la más grave y profunda de su historia desde sus orígenes cuando se constituyeron las antiguas comunidades europeas en los años 50 del siglo pasado (CECA, CEE y CEEA).

No obstante, no se pueden aceptar informaciones u opiniones mal enfocadas, tergiversadas, manipuladas o exageradas, con el fin de confundir a la opinión pública (sobre todo a las personas muy poco formadas o informadas, o que desconocen totalmente la historia y el significado de la integración europea en todos sus aspectos).

Por ejemplo, se expresan frases tales como que “llega el fin de la Unión Europea”, o “la profundización de la crisis en la eurozona amenaza el futuro de la integración europea”, o que “comienzan a haber altos niveles de pobreza en Europa por culpa de la crisis y por las nuevas medidas exigidas por la Unión Europea”.

Al contrario. La Unión Europea, por medio de sus instituciones relevantes como el Consejo Europeo, el Consejo de Ministros, el Parlamento Europeo, la Comisión y el Banco Central Europeo, está haciendo todos los esfuerzos posibles para encontrar “consensuadamente” las mejores fórmulas que permitan, por un lado, contener y superar la grave crisis económica hasta lograr nuevamente la estabilidad financiera, y, por otro lado, fomentar el crecimiento económico a corto, mediano y largo plazo.

Se debe tener muy claro que esta crisis, esencialmente, no es culpa de la integración europea, sino de los excesos y abusos de determinadas entidades financieras y bancarias, algunas de ellas de alcance transnacional a escala global, que aprovechaban la falta de una regulación y supervisión estrictas a nivel nacional e internacional y que ahora requieren urgentemente (para evitar el efecto dominó en el sistema financiero de los Estados en crisis) de rescates financieros con fondos públicos nacionales (o con fondos públicos supranacionales, como el caso del gobierno español que finalmente pidió un préstamo a la Unión Europea de hasta un máximo de 100,000 millones de euros para sanear su sistema bancario como consecuencia del pinchazo de la burbuja inmobiliaria).

También la crisis ha sido por culpa de la corrupción y el descalabro en el control y gestión de las cuentas públicas nacionales (como el caso extremo de Grecia, tutelada hoy por la Unión Europea).

Está claro que tampoco la Unión Europea es la panacea a todos los males que padecen sus Estados miembros, pero también se debe tener presente que sin ella sus integrantes (incluyendo algunos Estados europeos que formalmente no forman parte del club) tampoco disfrutarían, en gran medida, de los beneficios políticos, económicos y sociales que tienen hoy.

Estas crisis nacionales buscan soluciones a nivel supranacional, y precisamente se habla ya de la necesidad de una “unión fiscal y bancaria” en la Unión Europea para fortalecer la “unión monetaria” y superar gradualmente la crisis.

En fin, si lo que se debe alcanzar al mismo tiempo es la estabilidad y el crecimiento económico, la estrategia que terminen adoptando los europeos sobre su moneda común podría implicar, entre otras cosas, una política común fiscal y bancaria aparejada a la política monetaria común (una especie de reglas alemanas suavizadas que procuren la estabilidad financiera), y un Banco Central Europeo “a la americana” que termine forzadamente “imprimiendo más moneda” (una especie de flexibilización cuantitativa).

En cualquier caso, las esperanzas de solucionar la crisis están realmente depositadas en la Unión Europea y no en los mismos Estados causantes de dicha crisis…

* Profesor de Derecho Internacional Público, Derecho de Integración y Relaciones Internacionales de la UNAN-León. Profesor Jean Monnet de la Comisión Europea