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La educación ha de responder a la sociedad, pero lo cierto es que, mientras esta camina con rapidez, la educación lo hace a destiempo y lentamente, lo que abre amplias brechas cada día, volviendo más difíciles los cambios educativos. Tales cambios necesarios en la educación, si bien están referidos a su visión y misión, suelen proyectarse más en las políticas educativas y el currículum, aunque raramente están referidas al cambio conceptual y actitudinal de las personas que regentamos el sistema educativo.

La experiencia histórica del país nos ha enseñado lecciones relevantes que, al parecer, nos cuesta asimilar. Las distintas administraciones han puesto sus propios énfasis en cambios, centrándose en estructuras, formas de organización y funcionamiento, objetivos y contenidos curriculares y medios diversos. Pero tales cambios han dejado al país insatisfecho, en tanto no se han evidenciado cambios positivos en las aulas.

Lo anterior responde a una mentalidad eficientista y simplista de un paradigma educativo que enfatiza cambiar todo menos las mentalidades y actitudes de los educadores a todos los niveles. Ingenuamente se pretenden resultados en la mejora de la educación, pasando por alto la importancia que tienen los paradigmas educativos que poseen funcionarios y educadores. Para entender los cambios, nada mejor que tomar en cuenta cómo se estructura y transforma el conocimiento científico. Comprender esta dinámica de transformación y construcción del saber científico, en las distintas disciplinas, aporta múltiples luces para comprender cuáles son las claves fundamentales para lograr que los cambios educativos sean integrales. Pretender visualizar los cambios únicamente desde una perspectiva administrativa, no pedagógica ni epistemológica, hace que las decisiones del país en educación, con frecuencia, se conviertan en “cambios para no cambiar”.

A partir de los años 60, Thomas Kuhn, en su libro “La estructura de las revoluciones científicas”, inició la Nueva Filosofía de la Ciencia, dando la pauta acerca de cómo se gesta el conocimiento científico, denominando paradigma al conjunto de teorías, prácticas, creencias y visiones que predominan en una época determinada de la historia humana, las que son muy resistentes al cambio.

Los procesos de cambio han implicado etapas de oposición, siendo la propia comunidad científica la primera en oponerse a aceptarlos, hasta que el debate de ideas y la investigación científica confirmen su veracidad. En este sentido, un paradigma tradicional de conocimiento llegará a transformarse por otro, siempre que este tenga mayor poder explicativo y no contenga anomalía alguna, pudiéndose poner nuevamente en cuestión, una vez que afloren nuevas anomalías a partir de la investigación y debate científicos. Todo conocimiento que ha pretendido ser aceptado como científico, ha debido necesariamente pasar por estos procesos.

Esta perspectiva epistemológica de cómo se construyen los cambios del saber, ha abierto múltiples campos de investigación, principalmente en las ciencias pedagógicas y didácticas modernas. Precisamente, las nuevas didácticas de la mayoría de las ciencias, cuando están soportadas por una perspectiva epistemológica histórica, han logrado desarrollos harto profundos en la comprensión de los procesos de cambio de docentes y estudiantes.

Desde esa perspectiva epistemológica, los cambios educativos para ser auténticos demandan ser siempre sopesados y concertados a partir de investigaciones que los fundamenten y amplios debates y concertación social que confirmen su validez, legitimidad y necesidad. Actuar de forma contraria, contraviene el trayecto natural de la humanidad en los cambios y construcción del conocimiento. Sobre esta base firme, pretender transformaciones o reformas educativas surgidas de decisiones sin respaldo alguno en investigaciones y debates, sería construir castillos en la arena.

Desde una perspectiva histórica y científica, pretender que los centros educativos cambien sus paradigmas educativos, exige someterlos a investigación, formación y discusión participativa. Pretender que los maestros realicen cambios efectivos en la enseñanza, supone también transformar el modelo organizacional de los centros, a partir de la investigación, la formación y el debate participativo. La visión sistémica exigirá, también, transformar la cultura organizacional de las delegaciones, siempre con base en datos investigativos y debate de ideas. Por tanto, los cambios y transformaciones, para ser efectivos, también han de ser sistémicos.

Es preciso no tener miedo a estos cambios, siempre que se fundamenten en bases epistemológicas firmes.

* Educador e investigador Ideuca