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¿Has sentido vergüenza, rabia, miedo o frustración por ser nicaragüense? ¿Alguna vez has sentido la maldición de haber nacido en un país pobre como el nuestro? ¿Cuántas veces te han discriminado por tu nacionalidad? Yo lo viví, yo lo sentí, yo lo lloré.

Los derechos humanos son aquellas libertades, facultades o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, sin distinción alguna de etnia, color, idioma, opinión política o de cualquier otra índole; origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquiera otra condición. Así lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos en sus artículos 1, 2, 7 y 13.

Soy un joven profesional de 25 años, víctima de un sistema mundial neoliberal, que obligó a mi madre a emigrar fuera del país desde hace 18 años, tiempo en el que nunca la he visto. Durante marzo de 2012 y ya con una vida profesional y laboral resuelta, consideré que era el momento preciso para reencontrarme con ella y con mucha ilusión decidí ir a pedir mi visa al Gobierno de Estados Unidos.

Si ya has hecho el proceso, de seguro sabrás a qué me refiero y te acordarás de las famosas preguntas: ¿Has participado en algún acto terrorista? ¿Has ayudado a alguien a cruzar ilegalmente a Estados Unidos?, etc. Preguntas que te criminalizan desde un inicio. Todos sospechosos, todos culpables, todos posibles terroristas, todos nicaragüenses.

Finalmente, y después de tantos elementos torturantes, engorrosos, penosos y victimizantes, me presenté a un diálogo unilateral inhumano y culpabilizante con el Cónsul. Después de controles y chequeos llegué; el resto de la historia es la número infinita de muchos nicaragüenses más.

Entendiendo el mundo en que vivimos como un sistema vivo, que evoluciona constantemente y que vive hoy más que nunca un proceso integrador y globalizante; entiendo que las fronteras físicas e imaginarias se han convertido en un obstáculo para el pleno ejercicio de las libertades fundamentales, para lograr esta armoniosa integración entre las personas y la sociedad.

Las fronteras territoriales son una especie de filtro económico y social, donde se crean mecanismos e indicadores económicos para analizar, decidir y permitir quién las transita y quiénes asesinamos nuestra dignidad en el intento de cruzar, de viajar, de vivir.

Los derechos primarios o de la primera generación, como también son conocidos, son los derechos civiles y políticos vinculados con los principios de libertad de pensamiento y de movilización, de transitar libremente como ciudadanos del mundo.

¿Dónde están las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos? Y no me refiero a que casual e irónicamente tienen sus sedes en los EU, sino en ¿cómo estas organizaciones internacionales benefician a un ciudadano común y corriente como yo?

Los derechos humanos no se pueden operativizar por cuenta propia, es responsabilidad de cada ser humano practicarlos desde la cotidianidad, y aunque son irrevocables, inalienables, intrasmisibles, irrenunciables, universales, atemporales e igualitarios, todos los días escuchamos, leemos, vemos y sentimos el atropello a nuestra condición humana.

Esta es mi historia, esta es la historia de la humanidad.

* Trabajador Social. Agentes de Cambio / Matagalpa, Nicaragua.

jassermorazan@yahoo.com