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En su última aparición, Daniel Ortega amenazó con impedir cualquier tipo de ayuda proveniente de los Estados Unidos a las organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos y medios de comunicación, como una reacción al no otorgamiento del “waiver” de transparencia por parte de la administración Obama. Vale la pena examinar los hechos.

Todos sabemos dos cosas en Nicaragua. La primera es que Ortega se ha robado dos elecciones (las municipales del 2008 y las nacionales del 2011), y la segunda es que la ayuda venezolana no se registra en la contabilidad del Gobierno. Con el fraude electoral, el orteguismo se aseguró el control total de las instituciones y del poder político. Con la ayuda venezolana se han comprado hoteles, mansiones, fincas agropecuarias, emisoras de radio y de televisión, fábricas, agencias de publicidad y todo tipo de negocios que han alimentado el poder económico de la familia Ortega-Murillo y del círculo de incondicionales orteguistas.

En el lenguaje diplomático de la administración norteamericana se le ha llamado a eso “falta de transparencia”, pero en el lenguaje nicaragüense se le llama robadera, robadera de votos y robadera de reales.

Desde hace unos años, Ortega, con plena vocación autoritaria se ha lanzado contra las organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos. Al MRS le fue confiscada su personalidad jurídica en 2008; las oficinas y papeles de la organización Cinco fueron ocupados y tomadas por la fuerza.

Ortega metió la Policía y agentes del Gobierno en las oficinas del Movimiento Autónomo de Mujeres, acusándolos de lavado de dinero, delito nunca demostrado. Posteriormente funcionarios de la Cancillería se dedicaron a recorrer embajadas y agencias de cooperación con una lista de negra de organizaciones a las que había que cortarles la ayuda externa.

Como resultado muchas agencias de cooperación levantaron sus carpas y se fueron de Nicaragua.

El pueblo nicaragüense perdió. Han quedado sin parte de sus fondos organizaciones que trabajaban con el VIH/SIDA prestando servicios de salud en las comunidades, facilitando financiamiento a pequeños productores, impulsando proyectos educativos y apoyando las capacidades de las comunidades para organizarse y participar de la vida política, económica y social del país.

Las amenazas de Ortega no son nuevas. Son viejas prácticas de violación del derecho de organización, gestión y participación política del pueblo nicaragüense, ahora confesadas en público, sin ningún pudor. Este episodio ha obligado a Ortega a mostrar su cara dictatorial, no la cristiana, socialista y solidaria de los anuncios. Solamente a los dictadores les molesta que les digan que se roban elecciones y que utilizan la cooperación externa para engrosar las cuentas bancarias de su familia.

Sólo a los dictadores les molesta la organización del pueblo, de la sociedad nicaragüense y la libre actuación de los partidos políticos y los medios de comunicación.

Por lo que nos toca a nosotros, los del MRS, Ortega puede brincar, amenazar y charchalear todo lo que quiera. Seguiremos denunciando sus desmanes y convocando al pueblo a la lucha cívica para acabar con su régimen ilegal, inconstitucional y autoritario.

* Historiadora

http://doramariatellez.blogspot.com