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Después de guardar silencio durante cuatro semanas, y habiendo ya colocado desde hace meses un rótulo oficial que rebautizaba como “Parque del ALBA” el monumento histórico al Mártir de las Libertades Públicas, el jueves pasado la alcaldesa de Managua Daisy Torrez y el todopoderoso enlace presidencial con la comuna Fidel Moreno, anunciaron que el gobierno ya no le cambiará el nombre a la plaza PJCH.

Hay que reconocer que esta inusual retractación del comandante Ortega y la Primera Dama transmitida a través de la Alcaldía representa un paso positivo, pues en esta ocasión los gobernantes están escuchando a la opinión pública. Ojalá fuera esta su tónica ante todos los asuntos de interés nacional, pues aunque no tengan la costumbre de dialogar, el que al menos escuchen y sean receptivos a las críticas de la ciudadanía le vendría bien al país.

Sin embargo, estamos obligados a advertir que se trata solamente de una rectificación a medias, porque el gobierno insiste en imponer un monumento y un parque dedicado al ALBA, en la misma plaza dedicada a Pedro Joaquín Chamorro. Con ese inconfundible estilo monárquico de reparar entuertos, la orden que vino de arriba es contradictoria: le mandan a la Alcaldía decretar una “solución salomónica”, se queda PJCH, con un nuevo monumento incluido, y se queda el ALBA. Ambos en el mismo sitio, deliberadamente juntos y revueltos.

¿Pero, por qué se empecina Ortega en rendirle tributo a esta reciente Alianza Bolivariana en el mismo lugar donde asesinaron a Pedro Joaquín Chamorro hace treinticuatro años, un sitio histórico que en su momento fue reconocido así por la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional?

¿Acaso no hay otros lugares en la ciudad, donde el gobierno puede construir el Parque del ALBA, y rendirle homenaje a sus anchas a los representantes de esa alianza política, previendo incluso un área de expansión para cuando deban incorporar en el futuro a nuevos próceres de la alianza que encabeza Hugo Chávez?

¿Por qué no construyen el Parque del ALBA y el monumento a esos gobiernos, en torno al mausoleo de Tomás Borge, por ejemplo, lo cual no solo se lo merece el comandante Borge, sino que además sería políticamente coherente, por la identidad ideológica entre Borge y los gobernantes del ALBA?

La pretensión de mezclar un homenaje de Estado a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal con la alianza de países que encabeza Hugo Chávez, sigue siendo un contrasentido total, porque los valores que representa el legado democrático de PJCH no son compatibles con la política autoritaria y contraria a la libertad de prensa, de la mayoría de los gobiernos del ALBA. Y aunque ahora se quiere disfrazar ese nuevo monumento al ALBA, aduciendo a última hora que no es un tributo a Chávez y a sus petrodólares, sino a los próceres latinoamericanos de los países del ALBA, hay que recordar que el ALBA no representa a América Latina, sino únicamente a una minoría de gobiernos que comparten un ideario populistacimentado en la renta petrolera venezolana.

En el ALBA no están México, Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Panamá y los países centroamericanos, por citar solo algunos que no forman parte de la alianza chavista, entonces ese tampoco será un monumento genuino a los próceres latinoamericanos.

En conclusión, solo hay una salida coherente. Si el comandante Ortega quiere rectificar el atropello que se estaba cometiendo con la memoria de Pedro Joaquín Chamorro, debería hacer una rectificación sincera, inequívoca, por el respeto que se merece el Mártir de las Libertades Públicas. De lo contrario, al imponer el Parque y el monumento al ALBA en el mismo sitio, se seguirá intentando vanamente disminuir su memoria, con lo cual se empequeñece el propio Ortega.

Ahora que la Bancada Democrática en la Asamblea Nacional ha propuesto declarar a PJCH Héroe Nacional, Ortega debería meditar bien el mensaje que le quiere enviar al país. Hay que darle a Chávez lo que es del ALBA, y a Pedro Joaquín Chamorro el lugar que corresponde en la memoria del pueblo, sin ninguna clase de manoseos o sectarismos.Y más allá de plazas y monumentos, los nicaragüenses tenemos la deuda de honrar su memoria en la lucha por restablecer la democracia con justicia social. También debemos estar preparados para asumir todas las consecuencias.

* Periodista