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El periodismo de escarnio no tiene justificación. Es como intentar justificar los pecados capitales en todos los tiempos y sobre todo en estos tan especiales de “piadoso cristianismo”. Si los judíos y romanos escarnecieron a Jesús, también la crónica roja violenta de manera flagrante los derechos humanos y la caridad cristiana, haciendo chacota de las desgracias de los débiles.

Bueno que los directores de Radio Ya y TV8 –muy cristianos por cierto-, se reúnan. Quizá decidan dar más profesionalismo a la información de sucesos, a lo mejor enmendar el lenguaje soez, no hacer circo cínico-humorístico con las flaquezas de los pasajeros de tercera clase. Si eso deciden, enhorabuena.

Sin embargo, debo decirte amigo lector que el periodismo de escarnio, amarillista, escatológico, es sólo uno de los numerosos males que campean en nuestra comunicación social, convertida ahora en un negocio desmedido que plantea, contra todas las normas de los derechos humanos, convertir las audiencias en marionetas consumidoras, carentes de valores, criterios y razonamiento.

Estas lacras poco se abordan en los medios, igual que son temas ocultos los contenidos políticos tendenciosos, fundamentalistas seudo-religiosos y mágicos que campean en los medios. Tampoco se comenta la calidad moral y ética de la publicidad que deforma la personalidad e idiosincrasia de los nicaragüenses, pero que repleta las cuentas bancarias de los dueños y manipuladores de la comunicación social.

Tenemos que detenernos a observar la forma y el fondo de la publicidad. Aquí caben estereotipos falsos, imágenes negativas de la nacionalidad nicaragüense, alabanza a las drogas e invitación pertinaz a su consumo por parte de nuestras nuevas generaciones, (clientes potenciales del futuro).

Debemos tomar en cuenta que todas estas lacras se cometen al amparo de aquel dicho de puro corte neoliberal salvaje; “La mejor ley contra la libertad de expresión es aquella que no existe”, que da paso al libertinaje y a la impunidad de las redes mediáticas para mentir, calumniar, difamar, manipular y enajenar a la gente.

Por todo lo expresado y otros numerosos males que se quedan en el tintero, en 2004 se aprobó la Ley 372 que creaba El Colegio de Periodistas, institución a la que se otorga (Arto, 1) la facultad de ordenar y REGULAR el ejercicio del periodismo de Nicaragua. Se da por justificado que sean los mismos periodistas los que decidan sobre la profesión y la forma en que se practica el periodismo.

En este punto debemos recordar que todo derecho conlleva deberes, Que no estamos en la “ley de la selva” ni es el periodismo coto de caza para ambiciosos, cazadores de venados y embaucadores. Insistir que “El respeto al derecho ajeno es la paz”, afirmación sabia del benemérito indígena mexicano Benito Juárez.

Hasta ahora el Colegio de Periodistas no se ha pronunciado sobre lo que aquí abordamos. Tampoco sobre temas importantes como el de la libertad de expresión que aquí se traduce en libertinaje e impunidad, ni sobre el derecho constitucional del pueblo a recibir una información veraz, ética, con valores de responsabilidad social.

Por tanto, no pensemos que la reunión de los directores de Radio Ya y de TV8 va a cambiar el panorama anormal integral del periodismo nacional, sino que tiene que ser la acción de todos los periodistas que están conscientes de la perdida de valores que ha sufrido y sigue sufriendo la comunicación colectiva, tanto en el orden nacional como internacional.

Lo que está en juego es el porvenir inteligente y trascendente de nuestro pueblo y las nobles aspiraciones de todos los profesionales del periodismo. Tiene la palabra el Colegio de Periodistas y, sobre todo, su Comité de Ética. También, y por supuesto muy importante, la Secretaría de Comunicación Social del Gobierno que tiene mucho que aportar.

En realidad ya es muy alto el precio que estamos pagando por tantas y tantas calamidades que agobian a la comunicación social nicaragüense.

Es urgente y necesario proclamar y conquistar un PERIODISMO DE LIBERACIÓN para el Pueblo Presidente.

Para luego es tarde.

* Catedrático de Periodismo