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Leí en un medio comunicativo electrónico, que Granada prepara un Festival Internacional de Jazz. Agradable noticia, pues la experiencia granadina en espectáculos de mucha gente está más que comprobada, con los anuales de  poesía. Éxito seguro tendrán, aunque algunos piensen que el jazz es elitista, sofisticado y para muy pocos.

Pero la verdad es muy distante, pues este género estadounidense tiene sus raíces en bases sociales para nada refinadas, y sí en estratos hasta marginados, como fue el de los negros sureños en épocas de fuertes discriminaciones raciales. Y su popularidad es tan grande, que el mundo entero, sin importar cultura, raza o idioma, se vacila su sonar y cuando es cantado, ni se diga.

Es cierto, en estos momentos no existen programaciones radiales que le dediquen espacios a esta música, madre de tantos subgéneros, pero ello no significa que este grito de rebeldía y reivindicaciones se haya diluido en nuestro gusto popular. Basta recordar los grandes bailadores de Swing que abundaron por nuestra patria desde mediados de los años cuarenta del siglo pasado, hasta bien entrado los años cincuenta, cuando un hijo del Jazz, llamado Rock and Roll apareció para quedarse.

También tenemos que mencionar aquellas poderosas maquinarias de sonido, que emulando a las grandes “Big Band” gringas, ondeaban el nombre como las famosas Jazz Carazo, Jazz Matagalpa, Jazz Vega Matus y la granadina, Jazz Sultana.

No sé de las agrupaciones u orquestas que participarán, pero de seguro los  asistentes disfrutarán de los sentimentales Blues, saltarines Dixies, irreverentes Bebops, percutidos Latinos y un largo etcétera, que los llevará hasta lo que una vez escuché llamar Rock Nica.

Puede que aparezca otra máquina sónica, como lo fue la Jazz Carazo, que con sus 17 pistones entregaba un poderoso caballaje, regocijante aún para aquellos de oídos musicales sordos. El formato musical de esos tiempos osciló, entre 12 músicos y los 17 referidos caraceños.
Y el disfrute es… en Granada, Nicaragua.