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Hace 25 años los costeños nos hicimos esa pregunta, y la respuesta en ese momento fue hacia el reconocimiento jurídico de los derechos ancestrales y el ejercicio efectivo de esos derechos. Años más tarde es innegable que ese reconocimiento jurídico y su ejercicio efectivo están dando sus frutos.

La reducción del analfabetismo del 58% al 18%, la ampliación de la cobertura educativa de Primaria y Secundaria; la apertura de nuevas plazas de docentes, la reducción de los altos índices de mortalidad materna e infantil pasando de 35 casos de muerte en 2006 a 27 en 2011; el apoyo a la revitalización de las expresiones culturales propias de los pueblos indígenas y afrodescendientes (Shiskru Tara, Sauda, Mayo Ya crab soup y el Walla Gallo) y la demarcación y titulación de 15 territorios, con una extensión de 22,478 km2 pertenecientes a 215 comunidades; son entre otros algunos de los logros alcanzados.

Desafortunadamente, un Caribe que emerge incipientemente se ve afectado por los altos índices de desempleo y bajos ingresos familiares, alta vulnerabilidad a desastres naturales y una presión constante sobre sus recursos, la poca presencia institucional y la geografía de la zona que la hace vulnerable para que grupos nacionales e internacionales realicen sus actividades delictivas, generando los altos índices de criminalidad e impunidad, que han convertido a ambas regiones autónomas en los lugares más peligrosos del país, ubicando a la RAAS como el lugar más peligroso con 42.7 de muertes violentas por cada 100 mil habitantes.

Peor aún es la apología constante al delito, en donde individuos exhiben abiertamente los frutos de actividades ilícitas; comunidades enteras los respaldan y las autoridades brillan por su ausencia, promoviendo en las nuevas generaciones el paradigma del dinero fácil y generando la percepción quizás errónea, quizás correcta de la posibilidad del contubernio, propagando a los cuatro vientos, el mensaje equivocado que el dinero todo lo puede.

Un Caribe que emerge necesita como condición sine qua non la participación activa de todos los sectores en la implementación del Plan de Desarrollo Humano de la Costa Caribe de Nicaragua 2012-2016 (que tiene como objetivo lograr un desarrollo humano equitativo, pertinente culturalmente e inclusivo) consolidar y cohesionar sus territorios, facilitar el impulso del enfoque jurídico en los programas y leyes, fortalecer el autogobierno a todos los niveles (comunal, territorial y regional) y más importante: lograr el despegue económico que atraiga de manera constante la inversión hacia la Costa Caribe.

El reto para los próximos años es lograr una dinámica económica que genere bienestar social a la generación actual de indígenas, afrodescendientes y mestizos, sin que se irrespete el autogobierno ni la cosmovisión, y eso solo se puede lograr si la voluntad de todos fluye en la misma dirección.

“Demandemos con hechos lo que es nuestro por derecho”.

* Movimiento Jóvenes Estableciendo Nuevos Horizontes