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Es legítimo aspirar a que sean honestos los comerciantes en general, y los de los mercados en particular, pero, ¿es realista pretender que lo sean? Podría no haber respuestas contundentes a la pregunta, pues los negociantes se ven compelidos a buscar la ganancia a como sea, es decir, saltando sobre exigencias sociales éticas y morales, porque esto es parte intrínseca de la naturaleza de su voraz oficio milenario.

Seguramente habrá uno o dos o tres comerciantes en los mercados de Nicaragua que venden con pesa correcta, no alterada, y que se esfuerzan por realizar un comercio justo con los consumidores: vender un buen producto, con calidad y en la cantidad correcta o pactada. ¿Qué porcentaje es? No sabemos, pero algunas evidencias indican que no son la mayoría.

Hace poco le dije a un vendedor de frijoles del mercado Israel Lewites que al comprarle dos libras del rojito estaba muy seguro de que le pagaría los doce córdobas por libra que me pidió, pero no de que me diera las dos libras exactas que pactamos. El comerciante no respondió, supongo que por prudencia ante la incapacidad de, efectivamente, entregarme la cantidad exacta acordada.

Podrían argumentar algunos comerciantes que dar menos en la pesa no es deshonesto, solo un mecanismo para protegerse, pues en el caso de ciertos productos, como los frijoles y la papa, lo compran con restos de vainas, hojas, raíces y tierra, y al limpiarlos, disminuye lo que compraron, por lo que perderían si no manipularan la balanza.

Pero ese problema real se resuelve vía precio al momento de comprarle al productor o al intermediario, por lo que no creo que lo anterior sea un buen argumento. Si de eso se tratara, entonces habría que abolir el Sistema de pesas y medidas, el cual es una referencia universal indispensable para que se puedan realizar las operaciones de compra y venta en un marco de supuesta protección mutua de derechos.

El sondeo que recientemente realizaron periodistas de El Nuevo Diario, END, revela que dar menos en la pesa es una práctica generalizada. En los mercados no hay ningún asomo de vergüenza que lo impida. Sin compasión ni piedad, la mayoría de los comerciantes le clava una puñalada a sus hermanos consumidores, a las familias nicaragüenses pobres, a los obreros, oficinistas, artesanos, vendedores, etcétera. Y a los subempleados y desempleados, lo cual es peor aún.

“Sin asco”, estos comerciantes sinvergüenzas le hincan los gruesos, retorcidos y filosos dientes de cocodrilo a sus semejantes, y de seguro, todavía les dicen que les han hecho una rebaja y que la medida la están entregando “rendidita”. Morder descaradamente los escuálidos bolsillos de los compradores más necesitados, muchas veces es realizado con palabras amables y una sonrisa, no solo con hipocresía sino con maldad.

Los consumidores no pueden defenderse, a menos que anden cargando una pesa exacta, lo cual es impráctico por la carga que representa, y también porque significaría entrar en constantes choques con los comerciantes, algunos de los cuales, descubiertos en sus chanchullos podrían reaccionar violentamente.

El control de las pesas de los mercados, y también de las pulperías, corresponde a las autoridades del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio, Mific, el cual tiene una unidad especializada, pero que no cumple su función. También debe hacerlo la corporación de mercados de la municipalidad.

Ambas instituciones deberían establecer mecanismos expeditos de defensa de los consumidores, y, sobre todo, realizar una campaña educativa y de concienciación en los comerciantes. Deberían existir varios puestos en los mercados donde se pudiera comprobar el peso, así como presencia activa de inspectores accesibles y dispuestos, que, con las evidencias en sus manos, harían valer los derechos de los compradores; y que dos o tres veces a la semana, como se ha hecho en algún otro momento en el pasado, pasaran por cada tramo evaluando la calidad de la pesa y corrigiendo las anomalías. La multa podría ser un mecanismo correctivo después de varias infracciones.

Así que, hermano lobo, no sigás robando y dejá en paz a tus semejantes, sobre todo a los más desvalidos. Y más importante aún: viví en paz con tu conciencia y da ejemplo de honestidad a tus hijos.

* Periodista, docente y escritor