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Hay un párrafo de la Biblia, en la Carta de San Pablo a los Romanos (Rm. 8, 31 35 y adelante): “Si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo; la angustia, el hambre, la desnudez, los peligros? En todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó”.

El amor de Dios es incondicional, y su relación con la persona no se romperá siempre que esta acepte y se deje llevar por ese amor incondicional. “Si un amor incondicional une a la pareja, ¿quién podrá separarla; el hombre, los peligros, el presente, el futuro?”. De hecho, en plena luna de miel la pareja se siente segura y confiada afirmando sin ninguna duda: “Nada ni nadie podrá contra nosotros ni contra el amor que nos une”.

Cuando el amor es auténtico, uno quiere vivir con la persona elegida para siempre: “Hasta que la muerte los separe”. La experiencia también dice que esta vivencia y seguridad en el amor no siempre se experimenta así, con esta fuerza y seguridad.

Dicen que el amor es como un niño que hay que cuidarlo y mimarlo, de lo contrario se malogra. Si nos casamos, es porque queremos vivir el uno con el otro. Esto no quiere decir que vamos a estar siempre los dos dependiendo el uno del otro, como si hubiésemos perdido nuestra propia personalidad.

Con el noviazgo llegó el momento de hacer más fuerte esta maduración, pero ya no en forma aislada sino juntos, como agarrados de la mano. Tendrán que revisar costumbres, mentalidad… Pero aquí puede haber: opresión, chantaje, falta de verdad… violación de la dignidad de los derechos del otro.

Vivir como casados es acabar con la vida de “soltero”, es decir, terminar con esa vida en que yo actúo por mi propia cuenta. En nuestra vida cotidiana, una persona, independientemente de la edad que tenga, necesita alimentarse todos los días, porque necesitamos comer, necesitamos vivir. Pero me parece evidente, al menos no lo tenemos siempre en cuenta, que el amor también necesita ser alimentado cada día. El amor no “está ahí”; el amor se vive o se muere.

¿Qué tipos de matrimonios y de sociedad se puede construir en nuestros tiempos? De acuerdo a la historia del pasado: John F. Kennedy, Bill Clinton y Martín Luther King fueron infieles con sus esposas.

El matrimonio es un medio expresivo, una imagen que revela las relaciones íntimas de Dios con su pueblo. Si queremos que el amor ilumine de verdad nuestras vidas hay que lograr que permanezca atento, fino, generoso, siempre dispuesto a lo mejor.

Es la fiesta de amor, y Dios, que es el amor, quiere estar presente por medio de su hijo Jesús, que tanto nos quiere. Él quiere estar presente para fortalecer esa unión de felicidad, que llamamos matrimonio.

Se trata de eso que hacemos cada día para alimentar nuestro amor: de caricias o beso inesperado, porque uno se siente contento de vivir con el otro; del regalo que te llevo a casa para sorprenderte; porque sé que te agrada. Es saber escuchar y hacerme presente a tus necesidades para buscarnos mutuamente. Me resulta más fácil “darte cosas” que ayudarte a ser responsable de tu propia vida.

Cuando con mi silencio, cansancio o dolor de cabeza pretendo que te fijes en mí. Cuando con mi comportamiento o mi mala cara busco que adivines qué me pasa. Cuando con mi duda de si tu beso “ha sido de verdad” o con mi insistencia para que me digas que me quieres, deseo saciar mi inseguridad.

Me entrego a ti este día, para compartir mi vida contigo. Puedes confiar en mi amor, porque es real. Prometo serte un esposo (esposa) fiel y compartir y apoyarte en tus esperanzas, sueños y metas. Mi voto estará contigo para siempre. Cuando caigas te levantaré, cuando llores te confortaré, cuando rías compartiré contigo tu gozo. Todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo desde este momento hasta la eternidad.

 

* Licenciado en Comunicación Social UCA

alvaroruiz25@yahoo.es