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En Nicaragua históricamente la juventud ha sido actor fundamental en los procesos y cambios sociales, políticos y culturales. Fueron jóvenes indígenas quienes en León apoyaron al sacerdote Tomás Ruiz en sus aspiraciones independentistas y se opusieron a todo proceso anexionista.

En el marco de la Federación Centroamericana los ejércitos de las oligarquías libero-conservadoras que darían lugar a sus respectivos partidos, eran jóvenes mayores de 16 años, llevados a la guerra inoculados de fanatismo y odio acérrimo; de igual manera en la Guerra Nacional, en el periodo de la Anarquía (Argüello y Cerda) las bases en la guerra civil eran jóvenes.

En los 30 años conservadores el sistema educativo sólo daba cabida a jóvenes de los cascos urbanos de León y Granada. Ante el despojo de sus tierras comunales fueron jóvenes indígenas, quienes se sublevaron en Matagalpa a fines del siglo XIX. El conjunto de transformaciones del régimen liberal de Zelaya llevó mejores condiciones a la juventud de entonces.

En la gesta heroica por la defensa de la soberanía, Sandino creó el Coro de Ángeles formado por niños y adolecentes cuyo responsable fue el joven General Miguel Ángel Ortez (no entraban en combate), y del que sería parte el coronel Santos López. En épocas de vacío de genuinas alternativas políticas populares, la juventud, desde la universidad mantuvo vivos los ideales de justicia y libertad con sus movilizaciones (años 40,50 y 60); se destacan también en este período expresiones de rebelión contra los afanes reelectorales de Somoza García, de parte de jóvenes militares, e incluso, estudiantes de la Academia.

En el período en que el FSLN, después de las derrotas de Pancasán y Zinica declaró un período de acumulación de fuerzas en silencio fue el Movimiento Estudiantil y la juventud organizada en el Movimiento Cristiano que llenó ese vacío desde los colegios, iglesias, universidades, las calles, en un vasto movimiento contra la dictadura que llegó a movilizar a más de 40,000 jóvenes.

La insurrección nacional asentó su desarrollo hasta el triunfo de 1979 en la juventud nicaragüense, hubo insurrección de los niños. En la Revolución fue actor decisivo en la alfabetización, la defensa y la producción. La Contra contó con importantes contingentes juveniles, pues en muchos casos los campesinos se incorporaban como núcleos familiares.

Cuando el conflicto devino en guerra civil eran de jóvenes los muertos que a diario entraban a los barrios más pobres de nuestras ciudades, quedando también los campos sembrados de jóvenes campesinos, efectivos de la Resistencia.

La implosión del campo socialista, el derrumbe de paradigmas, la perdida e involución de la revolución sandinista y la hegemonía del neoliberalismo impactaron decisivamente en nuestra juventud, la cual entró en un largo período de crisis reflejada en vacío de ideales, pérdida de confianza en la clase política y de orientación en torno a su ser y quehacer. Además permeada por los antivalores ligados a la ideología neoliberal: el consumismo, la acumulación material como sentido de vida, el individualismo, el edonismo, etc.

Sin embargo, en esos años no todo era desierto en nuestra sociedad, fueron surgiendo espigas. Nuevamente, el Movimiento Estudiantil y universitario en general, luchando tras su derecho al 6% constitucional y cientos de asociaciones de la sociedad civil, unas levantando el paradigma de la cultura de paz y los derechos humanos de los niños, adolescentes y jóvenes, otras, por los derechos de la mujer y contra la violencia de género, la defensa y preservación del medio ambiente, la reconciliación, etc.

Todo ello fue permeando nuevamente la conciencia, el espíritu y la voluntad de aquella juventud adormecida y alienada. El actual Gobierno genera condiciones que potencian la recuperación del protagonismo juvenil en nuestra historia.

Educarse, capacitarse para participar de manera decidida, aprender a discernir, tener capacidad crítica, conocer el pasado, conservar la memoria histórica, aprehender lo mejor de ella, no sólo para no repetir los errores sino para entender el presente, incidir y contribuir a su transformación en la perspectiva de un futuro mejor, rechazar ser instrumento para la violencia en cualquier circunstancia, conocer a fondo y levantar como bandera de sus vidas la cultura de la paz, como paradigma holístico, son desafíos actuales de nuestra juventud.

* Director Instituto “Martin Luther King”