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Nicaragua presenta un déficit de regulación profesional. No existen colegios (con excepción del de contadores) que reglamenten el ejercicio profesional. La falta de regulación ha permitido que no se lleve control de profesionales que se gradúan en las distintas carreras y se pueda conocer con qué calidad egresan de las universidades. Esto ha provocado que ciertos personajes se hagan pasar por lo que no son, engañando a la opinión pública.

Ciertos periodistas, en vez de investigar la credibilidad de sus fuentes, con una ingenuidad asombrosa los ensalzan y los hacen pasar por expertos en materias de las que apenas tienen escaso conocimiento.

Así tenemos que personas graduadas en universidades de dudosa reputación se convierten en especialistas o en “analistas políticos” que dan opiniones sobre uno u otro tema, como verdaderos expertos en la materia. Un ejemplo es cierto señor Peña y Avendaña, cuyos antecedentes (fácilmente rastreables en los archivos de periódicos) lindan hasta con la delincuencia.

Hay otros que se convierten en voces autorizadas sobre materias en las que han fracasado como estudiantes. Como cierto señor Aguilar, decano de derecho en una conocida universidad, quien pasó once años en una universidad del extranjero y no pudo defender su tesis doctoral, cuando lo normal es defenderla en tres o cuatro años. Caso que nos recuerda el famoso “diplomazo” destapado hace años al flamante magistrado “Chicón” Rosales.

De la noche a la mañana, los medios de comunicación los convierten en voces autorizadas. En el caso del decano se le aborda como experto en materia de corrupción, o perito en derecho mercantil. Ingenuamente, ciertos periodistas lo catalogan como “doctor”, otorgándole una condición académica que no tiene.

Otro de apellido Castillo ha seguido el mismo rumbo: no ha culminado su doctorado y en tal calidad se refocila dando cátedras a la opinión pública. También hay otra señora, de apellido Calderón, quien ocupa cargos de asesoría en importantísimas comisiones del Legislativo y es directora académica en cierta universidad. Siendo únicamente licenciada en derecho, con estudios inconclusos de doctorado en el extranjero, se hace pasar por experta en Derecho Constitucional.

A la lista se suma un magistrado de la Corte Suprema de Justicia (que no es “Chicón”), quien nunca presentó su título de licenciado en derecho, y otros que por magia de los medios de comunicación se convierten en estrellas mediáticas.

Fresco está el caso de Rothschuh Villanueva, abogado de la UCA y especialista en comunicación por la facultad de estudios sociológicos de la UNAM de México. Nadie duda de sus capacidades intelectuales y académicas, pero, además de cierto tiempo en que fue asistente del Dr. Pedro Joaquín Chamorro, nadie lo ha visto alguna vez reporteando, o redactando una noticia al filo del cierre de una edición. Sin embargo, durante mucho tiempo ha estado “monitorenado” y dando consejos a los medios y a los periodistas acerca de su práctica profesional.

Vivimos en tiempos de “figureo” (como bien ha calificado León Núñez a este síndrome), una época de usurpadores que con ayuda de periodistas ingenuos se apropian de los espacios públicos para tomarnos el pelo. Los ciudadanos no podemos permitir esta estafa mediática y tenemos que reaccionar contra estos falsificadores de identidad y usurpadores de espacios públicos.

Los periodistas deben hacer un esfuerzo para conocer con certeza a quiénes están entrevistando. Por respeto a sus lectores o a su teleaudiencia, deben garantizar que sus entrevistados sean en realidad los más notables en su especialidad.

Mi tío abuelo me dice que extraña mucho la época en que los periodistas entrevistaban a personajes como Emilio Álvarez Montaban, Alejandro Serrano Caldera, Carlos Tünnerman, Juan Bautista Arrien, Danilo Aguirre Solís, Alberto Saborío y otros de cuyo discernimiento y reputación nadie puede dudar, pues tuvieron carreras brillantes desde que eran universitarios.

En otros países los medios tienen un defensor del lector que tutela y protege el derecho de los ciudadanos a ser informados con objetividad, transparencia y seriedad. ¿Cuándo tendremos el nuestro?

* Diseñador gráfico, con estudios inconclusos de Comunicación.

memoporton@gmail.com