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Apenas entra al edificio principal de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNAN-León, uno se topa con tres grandes banderas en imponentes astas: la azul y blanco de la Patria, la de la Universidad y la de un partido político. Esta última está colocada a pesar de que la Ley, a través del Estatuto de la Universidad, prohíbe la propaganda partidaria, y por ende, los símbolos partidarios dentro de los recintos universitarios; su ocurrencia constituye una falta muy grave, que puede ser penada con el despido de quienes la cometen.

Aquí comienza el grave contrasentido: seguramente en las aulas los profesores de Derecho les explican a los estudiantes las leyes y la forma correcta de aplicarlas y, quizás, les dicen que deben procurar su cumplimiento y hacer resplandecer la justicia. Sin embargo, con hechos como el mencionado al inicio, se le enseña a los estudiantes a irrespetar las leyes.

Es terrible pensar en la posibilidad de que esta deleznable lección, más adelante, en la vida profesional se traduzca en menosprecio de otras leyes.

Lo más grave es que la responsabilidad de la colocación y permanencia de esta bandera partidaria recae plenamente sobre el Consejo de Facultad y, en especial, del decano, Mauricio Carrión, precisamente en la instancia y persona que tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir la Ley.

Ni siquiera cabe el pretexto de que estamos ante “leyes inapropiadas”, como han sugerido algunos, puesto que el Estatuto de esta universidad ha sido dictado por gobiernos universitarios afines al partido político cuya bandera ondea en la Facultad de Derecho.

El pasado jueves, al pie de las banderas mencionadas, las autoridades facultativas y universitarias develaron un busto del doctor Edgardo Buitrago. Además, anunciaron que le dieron su nombre al edificio principal de la Facultad, construido precisamente cuando el doctor Buitrago fue decano.

Está muy bien que se rinda homenaje al doctor Buitrago. Bien merecido lo tiene, pues fue un gran orgullo para la universidad y para León, pues ofreció un grandioso aporte a la cultura, a las letras y a la formación integral de abogados, generación tras generación. Sin embargo, los discursos y estas expresiones externas de aprecio, son contradictorias con el menosprecio por la Ley de parte de las autoridades facultativas y universitarias, reflejado en la presencia de esta bandera partidaria.

El mejor homenaje que profesores y estudiantes de Derecho pueden ofrecer al doctor Buitrago es dar vida a su legado ético, velando celosamente por el orden y la legalidad en cada actuación institucional.

*Departamento de Salud Pública, UNAN-León