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Son pocas las sombras que se marchitan. La interferencia hostiga y no es así como se resuelven las cosas. Como un parte de aguas, la indecisión se amuralla. Hay tiempo para el martirio y tiempo de paz para la derrota de los ofendidos. En el oído se refrescan las calamidades, y en cualquier espacio, el silencio se acaba como una luz que revienta tímida en la fortaleza del mar.

No digo que la huella no deja palabras, en el cuerpo que se volvió indócil para la contemplación del fuego. No podemos negar las maravillas del aire al caer sobre las aguas entusiastas. No podemos obcecarnos con la calvicie que aflora en la mustia lentitud de un asombro.

En la primera luna es donde duermen las meditaciones, algunas frases del deseo, algunas palabras de soledad y el sol es apenas un trapo que no sirve para darle sombra al mundo.

Un por qué me domina donde hago las preguntas. No es fácil ocuparse de las mentiras del insomnio. Aquí están las razones del incumbo. Los escombros de la pasión que han llorado tanto pasan de lejos por mi casa.

Una llave desolada golpea mi puerta. Una mañana (que sos vos) que se demora en encontrar el lugar exacto del diario de tu vida. ¿Quién enfrenta al paranoico ángel secuestrado?

Me llama la gota de agua que ha vivido en tu rostro, sin sospechar que yo soy el perseguido de los restos infieles de la caricia. Del abrumado coloquio que no tiene como demostrar que tiene el ama sostenida para volverse amor.

Por las noches, cuando se acuesta la imagen de una ilusión, es que yo empiezo a ver cómo la profundidad de un abrazo entra en mi pensamiento y levanta mi ánimo para recordar, para escrudiñar en el fondo de una voz que quiere verme en su cuerpo.

Por la persistencia del recuerdo, en apariencia natural siempre estamos escribiendo diarios, cartas, epigramas al tedio, pensando en barcos arruinados, en zonas pervertidas, en la soledad de palabras en susurros que como hormigas impacientes vamos apresuradamente guardando en los ojos, en los brazos, en el viento peligroso, en el vino que hace falta, en la mujer que se fue, en las copas de los árboles.

Nos encontramos o rompemos el intercambio y cada quien eligiendo o presumiendo tener el derecho de riesgo y asimilar la zozobra que como implante temerario invita a mantener un firme acto de fe o en su defecto un encuentro de sólida especulación.

El inconforme no basta. Arrastra fuerzas desde el interior de la nada, desde la motivación sin rostro en un día en que salen a calle los alimentos del alma: los sueños, las mujeres, las intuiciones, las traiciones, los delirios y sus quejas, los poemas cortados por el silencio.

*Poeta y periodista