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En su última obra de recopilación histórica, Eddy Kuhl ha tenido la ocurrencia de rebautizar a Jinotega como “novia de la montaña”. Está en su derecho de hacerlo el matagalpino, pero antes debió haber consultado a los jinoteganos que, al menos desde 1919, le dieron el adecuado y merecido título de “Ciudad de las Brumas”. Además, debió también consultar la nueva denominación con sus amigos filólogos. Yo le hubiera advertido que comete un error gramatical: la falta de concordancia de género.

Esta concordancia funciona en la canción de Tino López Guerra, quien llama a Managua “la novia (femenino) del Xolotlán” (masculino) y en el verso de Carlos Mejía Godoy sobre Carlos Fonseca Amador: “novio (masculino) de la patria rojinegra” (femeninos tanto el sustantivo como el adjetivo). ¿O será que Kuhl, en su arbitrario cognomento, promueve el “lesbianismo” idiomático: “novia” (femenino) de la montaña” (idem)? Espero que solo sea un ingenuo producto de su diletancia historiográfica.

Para Juan Velásquez Molieri esa diletancia no es sino cretinismo. Pero yo saldré en defensa del colega incidental: no hay que pedir mucho al ingeniero civil de profesión y exitoso empresario cafetalero y turístico que ha aprovechado el hobby de su ancianidad menor (pasados los 60) y de su ancianidad mayor (superados los 70) para indagar sus raíces germánicas, difundir una reseña histórica del café en Nicaragua, averiguar acerca de los inmigrantes extranjeros o redactar monografías sobre su ciudad natal y otras localidades de su región norteña. Sin duda, nadie posee su entusiasmo ni los recursos para ejecutar esas tareas.

Es en la metodología donde reside su principal falla. No maneja suficientemente la bibliografía disponible sobre los temas a investigar ni recurre a fuentes primarias en forma directa, ni se exige un rigor mínimo para citar las fuentes secundarias.

Le otorga demasiada importancia a las comunicaciones personales (vía correo electrónico o entrevistas) y no comprueba si los datos son fehacientes. También impide que sus borradores sean sometidos a una limpia corrección de estilo que siempre lo requieren.

En el caso de Jinotega, novia de la montaña (Managua, Pavsa), editada no en “1012” —su primera errata, en la ficha catalográfica, de las muchas que contiene— sino en 2012. Sin embargo, es un esfuerzo más de Eddy por abordar monográficamente la historia de una ciudad, de un departamento y de una región. Incluye en ella informaciones de sus anteriores trabajos, se excede en hablar de científicos que casi nada tienen que ver con la materia, y no saca partido a libros precedentes como Jinotega en mis recuerdos de Simeón Rizo Castellón o Nicaragua en mis recuerdos (1997) de Simeón Rizo Gadea. De haber leído bien el último, hubiera destacado al máximo la obra cultural promovida por el presbítero español Ernesto R. Oyanguren. Por cierto, en su bibliografía Kuhl confunde la obra de Rizo Gadea con la de su hijo.

Además, las referencias erráticas abundan. Escribe mal el apellido del gobernador Artieda (“Artieta”), inventa dos constituciones de la república (las inexistentes de 1823 y 1842), ubica a Squier —que vivió en Nicaragua de 1849 a 1850— “en tiempos coloniales”, yerra al afirmar que Tomás Belt recorrió el país en 1900 (lo hizo entre 1872 y 1873), repite que el primer combate de Sandino fue en Saraguazca, ignorando que aconteció en El Jícaro el 2 de noviembre de 1926 (durante la guerra civil) y en Ocotal el 16 de julio de 1927 al inicio de su resistencia antintervencionista (Saraguazca, en el que Sandino fue herido, aconteció el 19 de junio de 1930). Asimismo refiere que el padre Bernardo Ponsol falleció en 1950, pero fue en La Libertad, Chontales, el 22 de abril de 1946; y afirma que César Ramírez Fajardo es el autor de “Son tus perfúmenes mujer” (el bisturí sólo la rescató del folclor de Cosigüina).

Todas las anteriores imprecisiones se hubieran evitado de haber pedido su autor el auxilio de cualquier amigo historiador. Yo las hubiera corregido, aparte de indicarle la fuente de donde tomó el texto de Desiré Pector sobre Jinotega: el más extenso y valioso que Eddy transcribe, y que corresponde a la obra antológica Nicaragua en el siglo XIX – Testimonios de funcionarios diplomáticos y viajeros (Managua, Fundación Uno, 2005).

Por lo demás, la monografía de Jinotega de Julián N. Guerrero (1996) no existe para Kuhl. Allí se encuentran datos importantes como el significado del topónimo indígena jinotega y el himno de la ciudad, creado con motivo de su cincuentenario en 1941. En resumen, más que una novia de la montaña, Jinotega se presenta en esta obra como una novia en harapos.

*Escritor e historiador